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Mundo de la Opera
Impresionante súper producción de Tannhauser, de Wagner, sin tener que moverse de su casa
Por Luis Felipe Marsáns
La tecnología digital, que agrupa en un diminuto disco de video y audio de alta calidad, que se conoce como DVD --con un sonido distribuido por cinco canales de acuerdo a sus diferentes frecuencias--, no sólo ha hecho posible la felicidad de los coleccionistas, sino también ha conseguido que aquellos que no pueden pagar una alta suma de dinero por el boleto para la sala operística, estén en posición de disfrutar, en su propia casa y por una cantidad modesta por su compra en la tienda, de superproducciones líricas, e, incluso, repetirlas luego cuantas veces quiera.
Un ejemplo significativo de ello es la grabación que acabo de ver y oír de la ópera del genio alemán Ricardo Wagner, Tannhauser, que debate su argumento entre el erotismo y la religión, según una leyenda. Está montada con un ingenio escenográfico que corresponde perfectamente a la actuación de sus intérpretes, y, sobre todo, es cantada por un elenco estelarísimo que impresiona hasta lo infinito.
Las óperas de Wagner, que se sitúan en virtual contraposición a la tragedia amorosa de los italianos y al argumento de carácter bufo que primó en la lírica de Mozart; alcanzan una profundidad que sobrecoge e impresiona inmensamente la sensibilidad de la audiencia, en parte porque cada escena corresponde siempre a una melodía, aria o a la solemnidad de un estruendoso pasaje orquestal –que tienen valores propios para el musicólogo--, siempre encausada dentro del llamado lied motive, que ayuda a mantener una coherencia permanente, desde el libreto hasta la música.
Producida por Euro-Arts, esta grabación en DVD de “Tannhauser” proviene, en montaje y dirección, de Wolfgang Wagner, usando el propio libreto del compositor, y con la cooperación de un gran elenco de artistas, músicos y cantantes, encabezado por Richard Versalle, la figura que da nombre al drama musical. Con él aparecen Wolfgang Brendel, como Wolfram von Ewschenbach; William Pell, encarnando a Walter Von Vogelwide; Siegfrieg Vogel, como Viterolf; Clemen Bieber, actuando como Heinrich der Scheiber; Sándor Sóyom-Nagy, interpretando a Reinmar von Zweter; La sobresaliente Cerril Studer, como la sobrina Elizabeth; Ruthild Engert-Ely, en el papel de Venus; y Joy Robinson, como Ein junger Hirt, además de Joy Robinson, Hannelore Weber, Ulrike Heyse y Lener Faver-Sonne, como los pajes.
Finalmente, la grandiosa partitura wagneriana es interpretada por la “Orchester (y Coro) del Baireuther Festspiele”, bajo la batuta de Giuseppe Sinopoli; con la emocionante actuación del “Gyór Ballet”, llena de sensual erotismo. Con el numero de serie 2072008, esta versión en DVD de Tannhauser (con traducción al español), es distribuida en Estados Unidos por “Naxos International”, y debe ser adquirida como una de las mejores. Sobre todo, como una alternativa que nos ofrece la tecnología moderna de reproducción –como decía al principio-- a los altos precios de las funciones en vivo en nuestros días.
Cuando Victoria De Los Angeles cantó en Miami "El Amor Brujo", de Falla
Por Luis Felipe Marsáns
Mi especialización periodística en las bellas artes, y, particularmente, en la difusión y crítica de la música clásica y la ópera, me dio la oportunidad de conocer personalmente y ver actuar en conciertos a un notable número de artistas de calibre, muchos de los que siempre han mantenido en mi memoria una relevancia especial, no sólo por sus grandes talentos, sino también por las excepcionales características personales.
Una de esas figuras que hoy recuerdo fue Victoria De Los Angeles, eterna en la historia del bel canto, quien dejó impregnado en mi la belleza de sus valores como una de las principales divas de todos los tiempos, y el encanto y la finura de un ser humano poco común. Porque Victoria De Los Angeles --la legendaria soprano española--, era uno de esos seres privilegiados con los que uno se sentía feliz viéndola cantar en el escenario, pero también conversando con ella acerca de las alternativas del espectáculo y la vida común de cualquier ser humano.
A Victoria la había admirado desde siempre, por la hermosura lírica de su emisión vocal encarnando a las principales heroínas operísticas (como fueron Carmen, en la obra de Bizet, y Madamma Buterfly, de Puccini; adermás de las de obras importantes de Wagner y de Mozart, entre otras), pero al escucharla “en vivo”, más allá de las limitaciones de los disco de épocas anteriores, descubrí aún más la exquisitez de la singular diva, tanto como al entrevistarla, disfruté de la sencillez y grandeza humana de su espíritu.
El debut de la gran soprano --cuyo verdadero nombre era Victoria Gómez Cima--, fue cantando “Orfeo”, de Monteverdi, mientras que estudiaba en el “Conservatorio de Barcelona”, su ciudad natal; pero tal vez lo que haya sido su consagración, después de ser premiada en el “Festival Internacional de Ginebra”, fue “La Vida Breve”, ópera de su compatriota, Manuel de Falla.
Quizás por eso, cuando en los últimos años de la década de 1970, en que las presentaciones sinfónicas y operísticas de Miami comenzaron a acercarse más al repertorio español --con la esperanza de ganarse el favor de la creciente comunidad hispanoamericana de estos lares--, la programación de una de las temporadas de la primera “Florida Philharmonic” –que luego también desapareció como la segunda--, Victoria de Los Angeles fue contratada para cantar en uno de sus conciertos las intervenciones vocales de “El Amor Brujo”, la obra más popular del mismo Manuel de Falla, de manera de atraer a las audiencias de cubanos exiliados, que a la sazón era la colonia de habla hispana más preponderante y rica en recursos económicos.
La función, presentada en el “Dade County Auditorium” (cuando todavía no se llamaba Miami-Dade), fue muy exitosa, pero hubo quien escribió que la participación de esta diva en semejante puesta, estaba por arriba de los requerimientos de la obra. Cuando le pregunté a Victoria acerca de esa afirmación, su respuesta sobre el comentario crítico fue simple. “Realmente, ésto está escrito para una cantaora, pero a mí me contrataron para hacerlo, y no tenía por qué decir que no”.

Victoria De Los Angeles fue una de las grandes divas de trodos los tiempos que más impresionó mi vida, como artista y como encantadora dama que era, aún en las postrimerías de su larga carrera.
Lo dicho era convincente, como se demostró años después, en una grabación de “El Amor Brujo”, en la que le dieron ese papel a Rocíó Jurado -–quien no por buena, deja de ser una cantante popular--; y luego porque al aceptar Victoria el contrato en aquella otra oportunidad, no estaba faltando a nada ni a nadie, y mucho menos rebajándose, pues, al fin y al cabo, se trataba de una obra de Manuel de Falla, representativa de la grandeza del arte folklórico de España.
Con la aparición, auge y furor por “Los Tres Tenores”, individual o colectivamente; y el surgimiento de otras figuras femeninas jóvenes en el mundo de la ópera, la pasión de los empresarios de Miami por los recitales con sopranos fue decreciendo –amen de algunas apariciones de Montserrat Caballet y de otras cantantes líricas nacionales o radicadas en Estados Unidos--; lo que alejó a Victoria de Los Angeles de nuestros escenarios.
Sus interpretaciones, sin embargo, han quedado grabadas para la posteridad, entre las mejores de la industria discográfica. Y su encanto personal y la dicha de haberla conocido, debo consignar con orgullo, también han quedado en mis recuerdos, de forma imperecedera. Con la muerte de Victoria De Los Angeles, desapareció en la vida terrenal una de las mejores sopranos de España y del mundo, pero yo estoy seguro de que en el cielo, ella seguirá cantándole a los ángeles, con la misma victoria.
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