ARTE MUSICA Y CULTURA

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POR LUIS FELIPE MARSANS

 

Miami antes del “Performing Arts Center” y el desarrollo artístico con la contribución de los   cubanos que huyeron del comunismo de Castro

 

 Por Luis Felipe Marsáns

 

Un recuento sobre el desarrollo del arte musical en Miami durante sus más de 100 años de existencia, es algo que no puede pasarse por alto, a la luz de la próxima inauguración del “Performing Arts Center”, en el centro de la ciudad –como colofón de este fenómeno--, con el que no se hubiera soñado aquí en la década de 1960, cuando comenzó el éxodo de Cuba,  provocado por la revolución comunista de Fidel Castro.

 

 Dicho de otra manera,  la existencia y crecimiento de Miami como término municipal del Estado de la Florida,  no pueden desvincularse de los más de cuarenta años que la ciudad ha estado compartida por una pujante comunidad  cubana, con su grandeza espiritual y creatividad, que se destacó particularmente en el campo de las Bellas Artes, muy especialmente, en todas las manifestaciones de la música, con marcado énfasis en los géneros clásicos, operísticos y del ballet.

 

Ocurre que los Estados Unidos de América han sido, tanto el lugar donde refugiados y  emigrantes  de todo el mundo han venido en busca  de libertad, fortuna y, por lo menos, mejores condiciones de vida,  que  a la vuelta de sus más de dos siglos, han   provocado una evolución trascendental en todos los órdenes,   hasta llegar al mismo Congreso, con Senadores y Representantes nacidos en Cuba y en otras nacionalidades hispanoamericanas.

 

 Pero en Miami,   la aglomeración de más de un millón de cubanos refugiados,  que huyeron del comunismo castrista --hoy convertidos la  mayoría en ciudadanos estadounidenses por naturalización--;  ha  transformado tan favorablemente la fisonomía de una ciudad que era casi campestre en 1940, en una metrópoli, en gran parte, gracias al influjo socioeconómico y político de los hispano parlantes, que han  abierto las puertas a las negociaciones financieras y al entendimiento fraterno con los países de América Latina que conjugan las mismas ideologías democráticas. 

 

 Los cubanos, pues, han ayudando a forjar una sociedad con muchos más profesionales y hombres de empresa, nuevas barriadas residenciales, expansión en los sistemas de créditos bancario; y la incrementación de la vida artístico-cultural de toda la región del sur de la Florida, tanto en lo musical, como en lo que se refiere a exposiciones de artes visuales en galerías de importancia, con las creaciones de grandes artistas de la Isla y de países como México, Venezuela y Brasil, así como España --por supuesto--, la madre patria, de donde provienen Piccaso y Salvador Dalí, entre muchos otros.

 

Mas aún, llegó el momento en que la ciudad tomó un carácter bilingüe, tocando el sistema educacional de las escuelas de  Miami- Dade, con la enseñanza del español, para hacer  posible un mejor entendimiento entre los miembros de la comunidad, sobre todo, como cité antes, facilitando el vasto turismo que viene de la América Latina, a divertirse o ha hacer negocios a través de las distintas “cámaras de comercio latinas”, incluyendo las de Hialeah, ciudad industrial aledaña, y segunda en importancia del Estado.

 

 En 1962, por ejemplo, la mayoría de los refugiados cubanos colmaban, si no los comercios de Miami, donde trabajaban;  las "factorías" (fábricas)  de su ciudad hermana (Hialeah), realizando todo tipo de trabajo, por duro y desagradable que ellos fueran, en el admirable espectáculo de hombres y mujeres que habían dejado propiedades y carreras universitarias para verse, de pronto, convertidos en obreros que luchaban por el sustento de sus vidas, con el consecuente desenvolvimiento económico regional.

 

 Esos mismos grupos de hombres --que incluían  a médicos, abogados, periodistas, maestros y dentistas,  entre otros muchos profesionaless-- fueron luego  realcanzando sus respectivas carreras  para dedicarse a ellas con ahínco, y establecer una sociedad bilingüe, que crecía desmesuradamente con el transcurso de los años. Así surgieron bufetes, clínicas médicas (en una gestión pionera), estaciones de radio y televisión y numerosos periódicos en español.

 

 La política doméstica, estatal y nacional, ha recibido igualmente la aportación de los exiliados cubanos, convertidos ya en ciudadanos; y los casos sin precedentes de Ileana Ros,  Lincoln Díaz Balart y  Bob Menéndez en el Congreso de Washington, han venido a sumarse a muchos otros nombres de gente nacida en Cuba, que ocupan altas posiciones en los gobiernos municipales, y en la Legislatura estatal de la Florida.

 

  Y si bien esto era ya una realidad en 1980, la inclusión dentro de este núcleo de unos 125,000 cubanos que huyeron por el éxodo marítimo del Mariel (puerto cubano), dio lugar al aumento de la importancia y grandeza de la sociedad miamense, mediante el trabajo fecundo de aquellos que hicieron buenos una vez mas sus ideales de  progreso y grandeza espiritual, una vez aislados los elementos maleantes que fueron infiltrados entre ellos por la dictadura comunista.

 

 Pero volviendo al arte --que es el centro y  principal objetivo de este trabajo--, Miami sintió el impulso absoluto de los hispanos  que lo hicieron crecer, sobre todo en la compañía de la entonces llamada Asociación de la Opera, gracias en parte a contribuciones regulares de los más afortunadas económicamente, pero siempre con la asistencia general de quienes habían fomentado en Cuba y otros países similares movimientos líricos y sinfónicos de importancia.

 

 La televisión en español, como medio asociado,  ha sido un vivo exponente de su engrandecimiento --con varias cadenas nacionales--, y una cobertura completa de los mayores acontecimientos ocurridos en las últimas décadas, gracias al empleo de la tecnología más avanzada. Y el cine nacional también se  robusteció con la presencia de artistas de origen cubano –como Andy García--  en numerosas producciones de calibre (como El Padrino, No. 3); mientras que  el folklore cubano cobró gran vida en las producciones de zarzuelas de la “Sociedad Pro Arte Grateli”, de Pili de la Rosa y Marta Pérez.

 

 Con las primeras orquestas sinfónicas que fueron emergiendo, principalmente  la de la “Escuela de Música de la Universidad de Miami”, la ciudad tomó derroteros propios en este género musical; pero luego entidades privadas de Miami y Miami Beach, lograron con entusiasmo, que se creara la primera (profesional) “Greater Miami Philharmonic Orchestra”, mayormente financiada por el altruista millonario Maurice Gusman (quien compró y reconstruyó  el viejo “Teatro Olimpia”, del Downtown, para que fuera su sede permanente, conducida por la batuta del virtuoso director francés Alain Lombard, quien la llevó, de la nada, al número 10 nacionalmente, en una encuesta especializada de la Revista “Time”.

 

 La excepcional empresaria Judy Drucker inició con gran acierto el desfile de “Los Grandes Artistas”, en el Templo del Beth Sholom, que culminó siendo,  décadas después,  la “Asociación de Conciertos de la Florida”, con un constante  desfile por los escenarios de Miami de las principales orquestas, directores y solistas del mundo entero; junto a la creación de la “New World Symphony”, conducida por el maestro Michael Tilson Thomas --gran director, compositor y educador americano--; gracias a la generosidad financiera del ya difunto Ted Arison, fundador de la línea de barcos de lujo “Carnival”.

 

Y la presencia de orquestas y directores locales por añadidura (Barnett Breeskin y Alfredo  Munar en la Sinfónica de Miami Beach) comenzaron a demostrar la importancia de fomentar y construir este Performing Arts, a punto de inaugurarse, cuyo logro tomó muchos años de planificación y  millones de dólares, obtenidos gracias a la alianza del capital privado y del que provino del fisco público. 

 

 A todo ellos vinieron a sumarse espectáculos extraordinarios, como los conciertos de Luciano Pavarotti, Placido Domingo y José Carreras, individual y colectivamente, en lo que el mundo conoció como de “Los Tres Tenores”, y el auge del Teatro Hispano y de conciertos populares que marcaban la pujanza de un público exigente y conocedor que se abrazaba  a las continuas visitas de los principales cantantes, actores y actrices de Latinoamérica, justificando aún más la edificación de un gran teatro para las artes interpretativas.

 

Por todo lo cual, me hace muy feliz  subrayar que si bien en 1962, la ciudad solamente contaba con la semiprofesional Sinfónica de la Universidad de Miami, dirigida por el ya difundo Fabien Sevitzky, con dos series de conciertos, en el Dade County Auditorium y el Auditorio de Miami Beach (donde mismo se ofrecían las peleas de boxeo), hoy, gracias al esfuerzo de todos y particularmente del de cubanos y latinoamericanos fundidos como norteamericanos por su naturalización, el “Miami Performing Arts Center” es una realidad que comenzará a prestar sus servicios a la comunidad, de todos los niveles sociales y económicos, a partir del próximos mes de octubre, del corriente 2006..

 

 Y como que ésto que escribo hoy tiene un sentido de evocación y respeto hacia quienes han tomado parte también en esta fecunda labor, quiero recordar   que "Ballet Concerto" regó originalmente  la semilla de la devoción por el baile   clásico trayendo a sus funciones a enormes figuras de este género, como Natalia Makarova, entre muchas otras;  en tiempos en que el Miami Ballet realizaba esporádicas funciones al año, con artistas invitados de renombre, que venían como solistas a bailar --como fueron Rudolf Nureyev,  la cubana Lidya Díaz Cruz y  Edward Villella, este último figura   principal del New York City Ballet, junto a Balanchines, y hoy director artístico del Miami City Ballet, que fundo junto a Toby Ansin. 

 

En otro ángulo del recuento,   Ballet Etudes, de Susana Prieto,  ha sido otro de los logros de los cubano-americanos llegados hace más de 40 años; y el triunfo hermoso e indiscutible del gran bailarin y coreógrafo, Fernando Bujones, --primera figura que fuera del American Ballet Theatre, será algo inolvidable, aunque el destino haya segado su vida recientemente.

 

 La Serie de Conciertos Miami-OEA --con su "Competencia de piano por invitación"--, patrocinadas por el Municipio de Miami y por la Organización de Estados Americanos (OEA), y coordinadas por el Dr. Antonino Hernández Lizaso, en la División de Cultura de esta ciudad, fue por muchos años algo que atrajo a Miami a artistas de la América Hispana; y . Burton Dines, luchando contra sus dificultades económicas por mantener con vida la Miami Chamber Symphony, constituyeron capítulos de importancia singular; así como lo hizo  el maestro Manuel Ochoa, quien, sin casi recursos,  armó la “Miami Symphony Orchestra”, trayendo a sus programas a notables solistas, tras la desaparición de las dos “Florida Philharmonic”, la última dirigida por James Judd, de admirable calidad, pero con una fatal falta tal de fondos, que la hizo desaparecer.

 

Es decir, que lo que el movimiento artístico que comenzó en los años de 1940  con los esfuerzos de la Miami Civic Music, dirigida hoy por la cubana Rosalina Sáckstein --en el auditorium de la escuela secundaria,  Miami High, porque ni el “Dade County Auditórium”  existía aún--, ofreciendo una serie de conciertos con orquestas y con solistas invitados, como el mismo  Rachmaninoff, quien estuvo entre ellos, ha florecido a plenitud en Miami,  en la segunda mitad de su centenario, alcanza ahora el pináculo de la gloria, con la aparición de “Miami Performing Arts Center”.

 

Pero todo esto  que recuerdo como la primera etapa, fueron los elementos precursores del grandioso proyecto logrado por una sociedad progresista, gracias a su población original o autóctona, pero también al empuje  de los cubanos, en los ámbitos políticos, empresariales y artísticos, para dotar a Miami de una vida cultural, política y económica, que comenzó un día con su asilo político. Enhorabuena, para todos los que hicieron posible este sueño y, particularmente, para el “Miami Performing Arts Center”, diseñado por el famoso arquitecto César Peli.

 

(Luis Felipe Marsáns- Julio- 2006- Todos los Derechos reservados) (c)