Investidura en Miami de "Caballeros de la Barretina" y "Pubillas” de Barcelona

Por parte del “Cap Mestre”, Isidre García de Sabadell, quien vino desde Barcelona, para conducir la ceremonia junto a la "Pubilla Cap de Colla" Fina Escayola, a la vez, presidenta del Centro Artístico Cultural Español, en  esta área.

Con el patrocinio del "Centro Artístico Cultural Español", que dirige su fundadora, Doña Fina Escayola, se llevó a cabo (en marzo de 1998), en los predios del Café Barcelona, de  Key Biscayne, la investidura de varios caballeros y damas de la comunidad de ascendencia catalana con la "Orden de Caballeros y Pubillas de la Barretina".

La ceremonia fue efectuada por el señor Isidre García de Sabadell, que ostentaba a la sazón  el cargo de Presidente Internacional  de la Liga de la Barretina, presentado con frases de elogio  por la Pubilla-Cap (cabeza de grupo), señora Fina Escayola, residente de Miami.

Se explicó que   Isidre García de Sabadell viajó directamente desde Barcelona para efectuar esta investidura a Amneris Casanova de Monteagudo, José Pons, Pascual Otazu, José Manso, el periodista Luis Felipe Marsáns, el señor Alfredo Cuadrado, el comisionado de Miami, Willy Gort, el empresario José María (Pepe) Freixas (fallecido poco después) y la señora Lletty Raventós de Pubillones, quienes, mediante la ceremonia, se convirtieron en los más recientes miembros de la Liga en Miami, elevando considerablemente su  número hasta esa fecha.

Se explicó también que las investiduras a las personas anteriormente citadas, obedecía a su labor en distintas áreas de la vida pública y, muy especialmente, por su ascendencia catalana.

De origen antiquísimo, la Barretina --un gorro rojo forrado de negro, que al darle la vuelta en el borde, queda con una franja negra--, está considerada como una de las piezas más honorables de la antigua "Payesía catalana", que usaban generalmente los agricultores en toda la extensión territorial. Sus colores representan, el rojo,  "vida, ardor y alegría, y respeto y buen hacer, la franja negra", explicaron.

Cuenta la historia que “los campesinos que ostentaban la  barretina en sus orígenes,  gozaban de tal honor y respeto, que les era permitida su comparecencia ante el Rey sin que tuvieran que descubrirse, como arduos trabajadores y bravíos guerreros", quienes eran enviados, con su puesta, a luchar junto a los ejércitos españoles que combatían contra los enemigos del país”.

Por esa razón, y su disposición inmediata a socorrer al prójimo, consiguieron los hombres de barretina el respeto y la admiración de las gentes de aquellos tiempos; y así fue como la barretina  llegó a considerarse una prenda honorable, porque “quienes la llevan, alcanzaron el rango de  Caballeros de la Barretina", según precisa, en un extracto del libro de la "Academia de Bellas Artes de Córdoba", Argentina, publicado en 1958.

 (Nótese que algunos vocablos de este escrito están en catalán. Su inclusión en este sitio obedece a que representa un capítulo de Miami).

Grupo de participantes en la ceremonia "Barretinaire": "Cap de Colla" Alfredo Cuadrado, Pascual Otazu; "Cap Mestre" Isidre García de Sabadell; José Manso, José Pons, "Cap. de Colla Fina Escayola, José (Pepe) Freixas, el Comisionado de Miami, Willy Gort, Liety Raventos de Pubillones, y Amneris Casanova de Monteagudo.

Luis Felipe Marsáns cuando era investido con la Barretina, junto a su esposa, Concepción Marsáns.

   OTRAS GRAFICAS DE LA ENTREGA DE "LA BARRETINA CATALANA" EN MIAMI

El fallecimiento del prominente periodista George Wehby conmovió a unos y otros 

Por Luis Felipe Marsáns

Con la muerte de George A. Wehby, ocurrida el Viernes Santo, 22 de abril del año 2011, a los 93 años de edad, el periodismo continental perdió a uno de sus más preciados baluartes, quien supo dejar la huella del más alto  profesionalismo periodístico en cada eslabón  de la larga cadena de hechos trascendentales que cubrió durante décadas, hasta su retiro, cuando contaba 80 años.

Conocí a Wehby cuando él era ya Director Ejecutivo del periódico “Havana Post”, editado en inglés en la capital cubana pre castrista para la colonia estadounidense de la Isla, y gracias a nuestra amistad –aunque yo era muy joven entonces, todavía  alumno de la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, de la Habana, Cuba--; obtuve de primera mano grandes conocimientos prácticos del  cierre de un periódico diario.  

GEORGE WEHBY

Sus conocimientos y el manejo de la técnica de entonces, cuando la letra impresa obedecía al tipo móvil  y el linotipo, eran admirables; pero, sobre todo, el enfoque agudo editorial de sus textos de redacción fueron siempre un manual de aprendizaje que llevaban al lector –en dos idiomas--, al corazón de la noticia y al análisis objetivo y sabio de quien, habiendo comenzado como comentarista deportivo radial, había escalado el pináculo de su carrera, como Director de un diario bilingüe.

Wehby trabajó también para la Embajada de Estados Unidos en La Habana, y una vez en Miami, siguiendo la corriente del exilio cubano, fue uno de los principales periodistas de la “Oficina de Información de Estados Unidos”, convertida luego en “La Voz de las Américas”, de Miami, que transmitía sus trabajos para todo el mundo, incluyendo  entrevistas con numerosos funcionarios de alto rango, sobre la verdad de los acontecimientos cubanos. A su retiro, ocurrido en 1998, Wehby ostentaba el título de Subdirector de “La Voz”, en Miami.

Otras de sus funciones importantes fueron las de corresponsal de “The Time Magazine”, la revista “Life”, el periódico “Chicago Tribune” y la “Agencia France Press”, así como también trabajó con la “Associated Press”.

Su prominente carrera periodística lo llevó a viajar por las principales capitales del mundo en las que entrevistó a numerosos jefes de estado y figuras importantes de la política mundial, incluyendo al Papa Juan Pablo Segundo. Otro ángulo de sus actividades reporteriles fue la carrera espacial de Estados Unidos, muchos de cuyos lanzamientos  cubrió desde Cabo Cañaveral, desde el Geminis y el Apollo, hasta los del programa “Space Shuttle.”

GEORGE A. WEHBY (extrema izquierda) junto a su esposa, Edna Wehby; y el entonces Decano del CNP, Luis Felipe Marsáns (extrema derecha) con su esposa Concepción Marsáns; en un acto del Día del Periodista, en que Marsáns entregó un Diploma de Mérito a Wehby.

Valga mencionar que George Wehby recibió numerosos reconocimientos –placas y diplomas— por su actividad profesional de más de 60 años, incluyendo una distinción del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, que le entregué yo cuando era su   Decano, en 1998.

Los restos mortales de George Wehby fueron velados y sepultados en  Miami,  con la asistencia de numerosos de sus admiradores, amigos y compañeros periodistas; pero fundamentalmente, de su cuantiosa  y respetable familia, que era motivo permanente de sus desvelos y preocupaciones, como hombre de bien y de familia.

Con esta información, confeccionada para la historia de la clase periodística cubano-americana, quede el más sentido pésame a los sobrevivientes del compañero y amigo: su esposa por más de 60 años, señora Edna Vázquez de Wehby; sus hijos, Jorge A. Wehby; Carlos G. Wehby; Richard  George Wehby; Willian R. Wehby; sus hijas Tania Reyes y Edna Wehby López, así como a sus 16 nietos y 10 biznietos. Qué descanse eternamente en la paz del Señor, el brillante periodista George A.Wehby.

 

Recordando al fallecido compañero Periodista Floridano Feria

  Por Luis Felipe Marsáns

  Muchos son los periodistas profesionales cubanos que han fallecido en el exilio, pero Floridano Feria debe tener un lugar especial en el recuerdo de todos los que le conocieron, por su especial condición de cubrir con dedicación y profesionalismo cuantos  acontecimientos se le encomendaban en la ciudad de Miami, donde vivió el mayor tiempo, y de entrevistar a los principales personeros del exilio y a personalidades de otras latitudes.

  Para mí, Feria fue el compañero cordial, a quien conocí cuando ambos éramos alumnos de la “Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling”, en la elengante barriada habanera del Vedado, en la Cuba pre castrista; y luego colega en el trabajo, durante décadas, en el Diario Las Américas, de Miami.

  Nacido el 22 de junio de 1937, en Santiago de Cuba; Feria falleció en Miami, el 8 de febrero del 2011, víctima de una larga y penosa enfermedad, dejando consternada a su familia y a sus amigos, muchos de los cuales dejaron de verlo mucho antes del deceso, durante el tiempo que él estuvo internado en una institución para el cuidado de la salud.

FLORIDANO FERIA, EN SU SILLA DEL CNP

  Por otro lado, Feria fue Secretario de Actas del Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio, durante los  primeros años de mi década de gobierno, como Decano de la citada institución –y luego por sustitución temporal--; y ciudadano ejemplar y hombre de familia, que vivía orgulloso de sus tres hijos: Dean, Kenneth y Wayne; así como de su esposa Myrna y de sus dos nietos, Stephen y Luke. “Sus hijos y yo todavía estamos consternados por su muerte, ya que, a los 73 años, era todavía joven para dejar este mundo”, dijo Myrna Feria.

  Vicente P. Rodríguez, Decano del CNP (e) que me sustituyó en el cargo, expresó igualmente su pesar por la muerte de Floridano Feria, “por lo mucho que sirvió al periodismo en español, y, particularmente,  al Colegio de Periodistas Exiliados, como Secretario de Actas y Diputado.

  Entre sus otros atributos, Floridano Feria llevaba con orgullo el de haber sido miembro de las “Brigadas Cubanas” del Ejército de Estados Unidos, en los años de la década de 1960 --cuando vivía en Boston--, y de haber trabajado en “Property Unit” del Departamento de Policía de Miami, por 18 años; así como por sus  estudios de  abogacía en la Universidad de La Habana, “carrera que no pudo terminar a causa de su oposición al régimen de Castro y su revolución comunista, que le obligó a partir al exilio, a sólo tres meses de que se hubiera graduado”, como recordó quien fuera su esposa.

  En Miami, Feria fue también profesor del Sistema Escolar del Condado de Dade, “en un programa destinado a instruir a alumnos de segunda lengua”, según recordó también su viuda, Myrna, a la que enviamos el más sentido pésame, mío  personal, y de los miembros de la Junta de Gobierno del CNP(e), extensivo a sus hijos y demás familiares. 

(Floridano Feria murió tres meses después que falleciera su hermana, María Enedina Feria, a quien se le concedió la colegiación del C.N.P(e) años atrás, reconociendo sus méritos por haber trabajado por mucho tiempo en el departamento de selección de cables internacionales del periódico Diario Las Américas, de Miami). 

En memoria de otros fallecidos, se publica esta foto donde ellos aparecen debidamente identificados, acompañados de los todavía miembros de la Junta de Gobierno del Colegio de Periodistas (CNP)

En una foto, que sirve igualmente de recordación a varios compañeros periodistas fallecidos, que pertenecieron a la Junta de Gobierno del CNP(e), tomada en una de sus sesiones, bajo la presidencia del entonces Decano Luis Felipe Marsáns (en el centro, sentado, con traje gris), aparecen el fallecido Floridano Feria, a su iizquierda; y María Enedina Feria, segunda de izquierda a derecha.Fallecidos también, Vicente Grau Imperatori (cuarto en la fila de atrás, de izquierda a derecha), Xenia Bas de Tamayo (en sexto lugar de la misma  fila), José Antonio Márquez (décimosegundo en orden); y José Fuentevilla, a la extrema derecha. También, sentada,  en primer plano, la fallecida Dra. Lucila García-Berry. Se omite el nombre del resto del grupo para no hacer más larga la lista y el pie de grabado, pero quede entendido que todos los demás están activos en el Colegio.  

     

  Contribución de los cubanos exiliados al desarrollo cultural de Miami 

Miami  celebró no hace mucho su  centenario, pero la corriente anti inmigratoria que ha venido dominando  la sociedad estadounidense en los últimos años, parece haber repercutido un poco en la falta de reconocimiento al aporte de los exiliados cubanos,    desde 1959 –todavía en el siglo pasado-- en que comenzó el gran éxodo de la Isla, a causa de la revolución comunista.

Vale decir que los primeros 100 años de Miami como ciudad estadounidense “incorporada”, no pueden desvincularse de las décadas  que la ciudad ha estado compartida por la comunidad de exiliados cubanos, con sus diferencias, tal vez; pero con su grandeza espiritual y creativa, que han logrado hacer de éste, un lugar distinto del continente, abriendo, al mismo tiempo, mercados y relaciones con los países de la América Latina.

Ocurre que los “Estados Unidos de América” ha sido el lugar donde refugiados y  emigrantes  de todo el mundo han venido en busca de libertad, fortuna o, por lo menos, mejores condiciones de vida; que  a la vuelta de sus más de 200 años de existencia, el fenómeno ha ido saturando sus necesidades propias,  dando lugar a una generalizada  corriente de rechazo al de fuera..

Pero en Miami, la aglomeración de más de un millón de cubanos refugiados que huyeron del comunismo,  y de otra cantidad sustancial de emigrantes y refugiados de diferentes lugares, acogidos hoy a la ciudadanía por naturalización --convirtiéndose en grupo mayoritario numéricamente hablando--,  han transformado tan favorablemente la fisonomía de una ciudad que era casi campestre en 1940, que hoy puede conceptuársele como la principal del suroeste,  donde ocurren las mayores transformaciones socioeconómicas y políticas.

Y, precisamente, cuando yo pensaba que hace 48  años (en el 2010) que llegué a esta ciudad, que ha sido mi país desde 1962 –primero en calidad de refugiado político, luego como residente, y, finalmente, como ciudadano por naturalización, en 1973--; lo que representa casi la mitad del tiempo de  sus ciento y tantos años de constituida, me pareció de   trascendental importancia el hecho de hacer un recuento sobre cómo nuestra presencia, como grupo, ha influido en el desarrollo del Miami de entonces en muchas áreas, aumentando considerablemente el número de habitantes con laboriosos trabajadores que creamos  las condiciones necesarias para el crecimiento, especialmente a través de la tributación de impuestos,  el respecto a la ley y la evolución cultural.

         MARTA PEREZ, LA DIVA

Como si fuera poco, ayudando a forjar una sociedad con muchos más profesionales y hombres de empresas; nuevas barriadas residenciales, expansión en los sistemas de créditos bancarios;  y enriqueciendo la vida artístico-cultural de toda la región, tanto en lo musical, como en lo que se refiere a exposiciones y subastas de obras de arte latinoamericano,  hasta llegar a convertirse en el "puente formidable" entre Estados Unidos de América y los países iberoamericanos.

Todo ello, además, ha propiciado una  ciudad bilingüe y multicultural,  cuyas necesidades de aprender una segunda lengua llegó a las escuelas del Sistema Educacional del Condado de Dade --a despecho del pensamiento de una pequeña porción--, para lograr  el mejor entendimiento entre todos los otros miembros de la comunidad, y propiciando el vasto turismo que viene en la actualidad de la América Latina.

En 1962, por ejemplo, la mayoría de los refugiados cubanos colmaban las "factorías" (fábricas)  de Miami y la ciudad contigua de Hialeah, realizando cualquier tipo de trabajo por duro y desagradable que éste fuera, en un admirable espectáculo de desafío al destino, ofrecido por hombres y mujeres que habían dejado atrás propiedades y carreras universitarias para verse, de pronto, convertidos en obreros con la sola ambición de ser libres, mientras que contribuían al fisco.

Esos mismos grupos de hombres --que incluían  a médicos, abogados, maestros, dentistas y periodistas, entre otras profesiones--, fueron luego  revalidando sus respectivas carreras  para dedicarse a ellas con ahínco;   estableciendo una sociedad bilingüe, que crecía con el transcurso de los años. Así surgieron bufetes, clínicas médicas, estaciones de radio y televisión en español y periódicos diarios.

De otro lado, vale mencionar que los  cubanos, con el apoyo de la Cámara de Comercio Latina, se lanzaban a la creación de un festival nacional y unos carnavales que en alguna medida compiten con los de Nueva Orleans, o, tal vez, de Río de Janeiro, en lo que hoy se conoce como "Open House Calle Ocho",   atrayendo a miles de personas anualmente a sus festividades, con la consecuente entrada de dinero para nuestra ciudad, y su repercusión internacional y nacional.

      DRA. ROSALINA SACKSTEIN

La política, doméstica, estatal y nacional, ha recibido igualmente la aportación de los cubanoamericanos, y los casos sin precedentes de Ileana Ros Lehtinen y Lincoln Díaz Balart, en el Congreso de Washington, han venido a sumarse a muchos otros nombres de gente nacida en Cuba, que ocupan altas posiciones en los gobiernos municipales, y en la Legislatura de la Florida.

 Y si bien la inclusión por parte del régimen de Fidel Castro de criminales comunes entre la vasta mayoría de 125,000 personas decentes que vinieron en 1980 por el puente marítimo del Mariel, dio lugar al rechazo esporádico de la sociedad miamense, hubo un momento en que los carteles de tránsito aparecían en español, junto al inglés.

Particularmente en lo que al arte se refiere, Miami sintió el impulso de los cubanos y otros hispanos, que lo hicieron crecer, sobre todo en su compañía de óperas,  gracias en parte a contribuciones regulares de los más acomodados, pero siempre con la asistencia general de quienes habían fomentado en Cuba y otros países, movimientos líricos y sinfónicos de importancia.

La televisión en español de Miami ha sido igualmente un vivo exponente  en estas últimas décadas --con varias  estaciones locales y cadenas nacionales que transmiten desde esta ciudad--,  engrandeciéndose  junto a las que transmiten en inglés, con una "cobertura" completa de los mayores acontecimientos,  y el empleo de la tecnología más avanzada. Y el cine nacional se ha robustecido por artistas cubano-americanos de Miami,  como son los casos de Andy García y Steven Bower; tanto como --en otro sector de la arena artística-- Gloria y Emilio Estefan han puesto muy en alto el nombre de la ciudad, con su "Miami Sound Machine".

 En las artes plásticas, se  han abierto galerías de importancia, y el movimiento sinfónico creció admirablemente  con el desarrollo natural que sugería tener ya una sociedad más grande y próspera, a la que tampoco han faltado la presentación de orquestas y espectáculos hispanos de calibre además de las  visitas regulares  de las principales orquestas sinfónicas de Estados Unidos y del mundo.

Me gusta  recordar también que, en 1962, Miami solamente contaba con la Sinfónica de la Universidad de Miami, dirigida por el ya difunto Fabien Sevitzky, con dos series de conciertos, en el Dade County Auditorium, y el Auditorio de Miami Beach, que a la sazón era igualmente el coliseo donde se ofrecían las peleas de boxeo. Allí  también desenvolvía sus actividades la Sinfónica de Miami Beach, dirigida por el  maestro Barnett Breeskin, que, a su muerte, fue sustituido por el cubano Alfredo Munar. E igualmente, rememorar que en  ese teatro de la playa --que en su interior era más grande de lo que es ahora--, Jackie Gleason inició una serie de transmisiones por televisión, los sábados, que explican el porqué el teatro llevó por mucho tiempo su nombre.

Es bueno  recordar también que "Ballet Concerto", fundada por cubanos,  regó la semilla de la devoción por el baile  clásico en todos los sectores, en tiempos en que solamente el “Miami Ballet” realizaba esporádicas funciones al año, con solistas invitados de renombre, como la cubana Lydia Díaz Cruz, y  Edward Villella, entonces principal bailarín del New York City Ballet. Para Villella, esto fue una especie de presagio, porque luego él se mudó a esta región,  invitado por Toby Lerner Ansin y otros a fomentar el “Miami City Ballet”, compañía que actualmente  dirige, y que es un orgullo propio, habiendo brillado  en Mónaco, Israel y otras ciudades, incluyendo unlas Olimpiadas de Atlanta.

Al mismo tiempo, el “Ballet Etudes”, de Susana Prieto,  se ha impuesto dentro de su labor didáctica por mucho tiempo, presentando por lo menos dos veces por año, obras de ballet clásico --como su versión original de  Cascanueces, La Bella Durmiente y  Copelia--, a manera de preservación  del género, que ha ido mixtificándose con los años y la creatividad de nuevos coreógrafos.

Y Fernando Bujones, nacido en Miami de padres cubanos  y fallecido prematuramente --quien fuera bailarín estelar y coreógrafo del "American Ballet Theatre"; dio también muestras de su gran talento en la creación de obras propias, tanto  para un grupo propio que fundó después, como para Juegos del Arte, un espectáculo creado en Miami por la puertorriqueña Ivon Labrada, incluyendo a la pareja de bailarines formada por la cubana Marielena Mencía, y su esposo, colombiano, Yanis Pikieris.

FERNANDO BUJONES CON EL "AMERICAN BALLET THEATER" DE N.Y.

De otra parte, aunque no encaja precisamente dentro de la contribución de los cubanos exiliados,  no quiero pasar por alto  tampoco en este recuento la labor de beneficio para esta ciudad del millonario, ya fallecido, Maurice Gusman, quien hizo posible con sus donaciones que existiera nuestra primera orquesta enteramente profesional (The Greater Miami Philharmonic Orchestra), dirigida por el francés Alain Lombard, y la dotara del Gusman Philharmonic Center, del downtown, en lo que fuera el "Teatro Olimpia"; que él compró y pagó por su remozamiento, en un momento en que se proponía derrumbarlo para hacer allí un edificio de parqueo.

Fallecido  Gusman y trasladado Lombard al pódium de la Orquesta de Rotterdam, la Filarmónica original de Miami se convirtió más tarde --bajo otra administración-- en la primera Florida Philharmonic --que dirigía el maestro inglés Brian Priestman--, no ésta última, también desaparecida, que fue el producto de la fusión de la antigua Sinfónica de Fort Lauderdale, en orquesta regional, durante la época de Emerson Buckley, ya fallecido también.

Ni tampoco olvidar al teatro cubano de Miami, con una multitud de salas que prestan atención a la comicidad y a lo clásico por igual; además de celebrar un Festival Anual de Teatro. También el Festival del Cine, creado por el cubano Nat Chediak, se convirtió en  algo de valor internacional para la cultura en Miami, con sus presentaciones en el Gusman Hall (originalmente el Teatro Olimpia), del downtown, a las que asisten   personajes de Hollywood,  y de sus contrapartes del extranjero.

Con el mismo espíritu, no quiero dejar  de mencionarse la Serie de Concierto Miami-OEA,   con su paralela "Competencia de piano por invitación", patrocinadas por el Municipio y por la Organización de Estados Americanos (OEA), y coordinadas por el Dr. Antonino Hernández Lizaso, bajo el Programa de Expansión Cultural del  municipio; ni tampoco olvidar por un momento a Burton Dines, luchando contra sus dificultades económicas por mantener la Miami Chamber Symphony --singular orquesta de cámara--, que se presentaba todos los años en el “Gusman Hall” universitario, agrupando a músicos virtuosos, incluyendo algunos cubanos de origen. O al fallecido maestro Manuel Ochoa, quien, sin recursos suficientes,  armó la Miami Symphony Orchestra, trayendo a sus programas a solistas de talla.

Y mientras que la ciudad de Miami se anchó a la redonda en terrenos algunos  pantanosos --como son los que empiezan en Le Jeune Road y la Calle Séptima hasta Midway Mall, donde se levantan hoteles y condominios, la barriada de "La Pequeña Habana" se ha convertido en la atracción del turismo que procede de todas partes, cuando todavía no existía –pero que hoy puede mencionarse como otro logro— la Meca de “South Beach”.

La Sociedad Pro Arte Grateli (Gran Teatro Lírico), por otra parte,  ha sido durante  décadas, el  santuario de la zarzuela española y de la  cubana --bajo la dirección de la fallecida Diva Martha Pérez, y  Pili de la Rosa, y Demetrio Menéndez--, ofreciendo a la población, tanto hispana como anglosajona, lo mejor del repertorio, a cargo de artistas nacidos en Cuba, en su mayoría, o en Miami. Grateli ha sido también  patrocinadora de conciertos de gran envergadura, como uno donde fue solista el gran pianista Jorge Bolet, acompañado por la batuta de su hermano, Alberto Bolet; y otros donde estuvieron como  solistas excepcionales Zenaida Manfugás,  Teresa Escandon y las sopranos Virginia Alonso  y Zoraida Marrero, todos de origen cubano.  

              VIRGINIA ALONSO

Mientras tanto, la Escuela de Música de la Universidad de Miami, que, bajo la égida del entonces Decano William Hipp  mantuvo su orquesta,  como corresponde desde el punto de vista académico, ha celebrado muchas versiones de su Festival Miami, un evento de tres semanas de conciertos con solistas locales y del extranjero, para satisfacer el gusto de los amantes de la música clásica y el jazz, y la oportunidad de ver tocar a artistas de la magnitud de Nelson Freire y Martha Argerich, de Argentina, así como de otros países hispanos, como José Serebrier, su cofundador.  

                       ZORAIDA MARRERO

Es decir, que lo que el movimiento artístico que comenzó en los años de 1940  con los esfuerzos de la Miami Civic Music, dirigida hoy por la cubana Rosalina Guerrero de Sáckstein --en el auditorio de la escuela secundaria,  Miami High, porque el de Dade County Auditorium no existía aún--, ofreciendo una serie de conciertos con orquestas y solistas invitados (Rachmaninoff  mismo estuvo entre ellos), ha florecido a plenitud en Miami,  en la segunda mitad de sus  cien años y más, con las apariciones de Luciano Pavarotti y Plácido Domingo entre muchos otros grandes artistas.  

    MAESTRO MANUEL OCHOA

Tan esplendorosamente, que después de haber desaparecido la Florida Philharmonic de antaño, a causa de problemas internos,  y,  de sufrir Miami la ausencia de una orquesta de este tipo durante más de un lustro, todo resurgió con la Florida Philharmonic de nuestros días (originalmente, The  Philharmonic Orchestra of Florida), bajo la batuta del maestro James Judd, además de las que he mencionado ya, aunque en las postrierías de su existencia, chocó con la falta de recursos para continuar operando como ya había ocurrido anteriormente con otras entidades similares, pero esta vez, irónicamente, coincidiendo con la inauguración de un “Performing Art Center”, millonario en su costo de edificación.

Pero esa ausencia ha seguido siendo compensada con  la creación de la New World Symphony, orquesta integrada por jóvenes virtuosos, egresados de los principales centros de estudios del país, y escogidos en audiciones, gracias a  la contribución generosa de Ted Arison (ya fallecido), a través de la "Fundación Nacional para el Desarrollo de las Bellas Artes". El  ensambles ha sido uno de los más brillantes de la nación, por su vitalidad interpretativa y el talento de Michael Tilson Thomas, un gran director americano, que ha conducido también a  la Sinfónica de Londres, y  la de San Francisco.

Asimismo, la fundación de la "Miami Symphony Orchestra", por parte del maestro cubano Manuel Ochoa (fallecido también) ha dado a Miami una presencia netamente cubana en el panorama de la música clásica, con una temporada regular de conciertos que él dirigió alrededor de una década, hasta el día de su deceso, y que continúa vigente, a cargo de un nuevo director, procedente de Venezuela.

Y para terminar este recuento (revisado unos años más tarde de haber sido escrito)  sobre el progreso de Miami en las últimas décadas de sus más de cien años de existencia como “ciudad incorporada de la Florida”,  quiero citar cómo los cubanos e hispanoamericanos han mantenido su fe religiosa y sus tradiciones, asistiendo primero a la Iglesia del Jesu, en el downtown, "porque les recordabas los templos  de Cuba y Latinoamérica", y luego en otras muchas  de la ciudad, incluyendo las de reciente fabricación, como es el templo de San Juan Bosco, en la calle de Flagler y la 13 Avenida..

 Creo que en la felicidad de tener hoy un Miami de más de 100 años de existencia --tomando en cuenta su conversión en centro cultural y artístico, y de ciudad financiera internacional--, los hispanos que la habitan, particularmente la mayoría de cubanos, deben recibir el reconocimiento de la comunidad entera, y sentirse orgullosos de lo que, con su grandiosa contribución, ha podido lograrse.  

Cuando Carreras y Montserrat Caballé cantaron en conciertos de Miami

  Por Luis Felipe Marsans

  Miami ha prosperado innegable y abrumadoramente en muchas áreas de su vida  artística y deportiva –sobre todo con la construcción del Performing Arts Center, y la Arena deportiva “American Airlines”, ambos en dos puntos del Bulevar de Biscayne--; pero nunca esta ciudad estuvo tan arriba en el campo cultural de la música  clásica como cuando, en la  décadas de los años ’80 y ’90, nos visitaban, además de las mejores orquestas sinfónicas del mundo,  grandiosos artistas líricos –particularmente de España--, y las salas de conciertos --en varios puntos del Condado de Dade--, se nutrían de un gran público para ver a estos colosos del clasicismo musical y operístico, principalmente, Plácido Domingo, José Carreras y el difunto tenor italiano Luciano Pavarotti, cuya voz incomparable extrañaremos siempre, más allá de sus grabaciones en discos.

  Eventualmente, entre ellos surgió el concierto de “Los tres tenores” --que también ocupó en una ocasión el parque futbolístico de los Miami Dolphins, entre los condados de Dade  y Broward--, que le dio la vuelta al mundo cultural, originalmente conducido por el maestro Zubin Mehta, y luego por una variedad de directores de orquestas que se alternaron en el pódium de semejante espectáculo. Algunos estiman que nadie sobresalió tanto como Mehta en la dirección orquestal, por su elegancia y prestancia; pero independientemente de esas opiniones, el concierto siempre fue un gran éxito para  “Los tres tenores”.

  Sin embargo, no fue esta combinación la única que hizo historia  en Miami. También Carreras se unió a la gran soprano catalana Montserrat Caballé, su coterránea, para protagonizar, aunque alternativamente,  dos  programas líricos que tuvieron  igual éxito entre los principales de la época a que me refiero, ambos auspiciados por la asociación de conciertos de la empresaria Judith Drucker, cuya desaparición ha sido una de las peores cosas que ha tenido que afrontar Miami, junto a la quiebra y consecuente extinción de la Florida Philharmonic.

 "Me siento muy honrada de traer a Montserrat Caballé, porque ella es la más admirada en todo el mundo --América, Sudamérica y Europa--, y, particularmente, muy querida por la comunidad hispana de Miami, para la que  traerá nuevamente su repertorio español clásico y sus selecciones de zarzuelas", enfatizó en su momento la Drucker, en una entrevista que le hice a propósito de estos acontecimientos artísticos.

                      JOSE CARRERAS

Y refiriéndose al tenor, agregó en otra parte de nuestro extenso diálogo: "El programa con Carreras es algo en el que –por otra parte-- vengo trabajando durante los últimos años, y tras viajes a Orlando y New York para ponerme de acuerdo con sus representantes artísticos, pude conseguir que viniera... Después de todo, José comenzó a cantar aquí conmigo desde los años de 1970”.

  Judy recordó específicamente que la primera presentación en Miami de Carreras fue auspiciada por su asociación de entonces, “cuando él cantó la parte de tenor de la Misa de Réquiem, de Verdi, junto a la soprano Renata Scotto” (otra asidua de la época en Miami), en un programa dirigido por Alain Lombard, en el pódium de la entonces "The Greater Miami  Philharmonic Orchestra".

  Y en cuanto a Montserrat Caballé, la empresaria subrayó que aquélla había estado viniendo a Miami, tras haber tomado parte    en una importante celebración de Londres, "a la que acudió la familia real"; y dijo que el concierto de aquí representaba su única aparición en Florida.

  Pero al igual que fue de importante este programa –primero de una serie titulada de las "Grandes Divas"--, Miami-Dade se vio colmado con las interpretaciones de otras cantantes de gran calibre, en fechas que colmaron los años 1993 y 1994. Valga mencionar entre ellas a la mezzo-soprano Cecilia Bartoli, de Italia, el 22 de marzo; Cheryl Studer, del Metropolitan Opera House, de Nueva York (quien grabó La Traviata, con Luciano Pavarotti), el 23 de abril;  y, finalmente, "la gran" Dame Kiri Te Kanawa, el 13 de mayo.

  Volviendo al programa de José Carreras del citado año, valga decir que tuvo un carácter excepcional, el cinco de febrero, en el James L. Knight Center, y fue titulado "Con una canción en mi corazón" (With a son in my Heart),  recordando a Mario Lanza",  tenor italo-americano de potente voz, que fue favorito del público estadounidense en los años de 1950, y cuya prematura muerte, después de haber filmado la película "El Gran Caruso", cuando solamente tenía unos 40 años, fue una gran pérdida para todo el mundo amante de la música.

El "Cascanueces" de “Ballet Etudes del sur de la Florida"

 

Por Luis Felipe Marsáns

 

Susana Prieto, quien un día fuera bailarina estelar de “Ballet Concerto” –fundada por los exiliados cubanos que  comenzaron a llegar a Miami en la década de 1960--, hoy en día tiene que sentirse orgullosa, al haber presentado con brillantez la versión número treinta y tres de su propio  Ballet Etudes del Sur de la Florida, de “Cascanueces” (Nutcracker), de Tchaikovsky,  con un profesionalismo sorprendente en el elenco, integrado en su mayoría por jóvenes artistas formados en Miami bajo su propia tutela, con  exiliados cubanos o miembros de su descendencia, que huyeron del comunismo de Castro.

 

 

 

Escena del Ballet "Cascanueces" en una de las presentaciones de "Ballet Etudes", del sur de la Florida, dirigido por Susana Prieto.

La contribución a una de las ramas más importantes del arte escénico en esta ciudad, ha sido siempre importante en la compañía de Susana Prieto, pero  el desarrollo de su calidad interpretativa a través de los años –como ha venido viéndose reiteradamente--, es algo de lo cual no sólo ella debe estar  satisfecha, sino en general, los integrantes de la colonia cubana de Estados Unidos.

 

En las funciones de Cascaueces que ha ofrecido Ballet Etudes del Sur de la Florida, el fin de semana del sábado ocho y domingo nueve de este diciembre del 2007, en el legendario  Miami Dade County Auditorium, se puso de manifiesto una vez más la gran aportación, versatilidad y, en ocasiones, hasta virtuosismo de los miembros de la compañía, bailando con una disciplina sorprendente  respecto  a la coreografía original de Marius Petipá  (con alguna que otra variación que respondiera a las exigencias del montaje escenográfico), muy especialmente en la sección de los niños, cuya participación en el segundo acto fue espléndida y llena de colorido.

 

Los solistas invitados del New York City Ballet --Jennie Somogyi y Charles Askegard--, se lucieron mucho en sus partes, especialmente en  el final del ballet. Asimismo,  lo hicieron los   bailarines principales de  la compañía, entre los que sobresalieron  Jessica Lemoine, quien encarnó el  sábado a Clara, y Brittany O´Dell , que lo hizo el domingo; juto a  Dagmar Moradillos,   Yandy Pérez y José Rodríguez, como Cascanueces; y la singular caracterización de Rodolfo Rodríguez, como Herr Drosselmeyer.

Todos ellos recibierón el aplauso delirante del  público que colmaba la sala.

 

Por otro lado --aunque ya me referí a los niños del elenco--, vale la pena mencionar aparte a los que integraron el episodio de los  ratones y los soldaditos, en el primer acto, que estuvo lleno de una emocionante fantasía, gracias al talento de los noveles participantes y al entrenamiento recibido sobre este apasionante cuento.

 

Pero, junto a la dirección de Susana Prieto, en el montaje y la coreografía, hubo algo grandioso en la ejecución: el trabajo del maestro Alfredo Munar desde el pódium, al frente de la Orquesta Sinfónica de Las América, de James Brooks-Bruzzese, su director artístico, con sede en Fort Lauderdale.

 

Munar, quien es una de las estrellas en el firmamento de la música de zarzuela (españolas y cubanas), y en particular, del ballet de la llamada escuela clásica del Siglo XIX; quien ha dirigido a grandes solistas del American Ballet Theatre y otras compañías, no sólo tiene en su historial artistíco el haber dirigido estas treinta y tres funciones de Cascanueces, de Tchaikovsky, sino también un  número muy superior de producciones de El Lago de los Cisnes, del mismo compositor.

 

Su trabajo de esta ocasión estuvo impecable, ayudado por una orquesta de primer orden también. No sólo el maestro Munar llevó los tiempos de manera excepcionalmente medidos, de acuerdo con el baile, sino que hizo sonar los instrumentos impecablemente (aún cuando yo estaba bastante lejos del escenario), lo  mismo en los pasajes solistas como en los tutti del ensamble. Entre los primeros, el maestro Jesús García manejo muy dulcemente la celesta en el tema más reconocido de la obra, como en los violines el acoplamiento fue absoluto, al comando del concertino, Laszlo Pap, y la claridad de los metales, a cargo de Claudia Osorio y Truve Cavello, así como brillaron Marilyng Maingart y Karrie Griffiths, en la flauta y Mailin Rete, en el oboe.

 

Y para finalizar, me gustaría decir que, en  general, la producción tuvo un gran momento en casi todos sus episodios --aunque en un montaje tan grande, nunca faltan algunos tropiezos, hasta en las mas famosas compañías del mundo. Aquí, fueron muy poquitos, como  en la danza china, donde uno de los personajes principales, no lucía compatible con el otro; y en el de la Madre Ginger, donde pese a ser interpretada por el  veterano Peter La Fox, no se logró  la vieja costumbre de que los niños  entraran nuevamente dentro de su atuendo antes de salir de la escena. Sin embargo en la danza rusa, Pol Paelinck dio una formidable muestra de acrobacia, admirable y plausible.

 

Y el “Vals de las flores” fue otra buena muestra de la habilidad del conjunto; pero lo que realmente resultó esplendoroso del final, fue el número que pone término a la obra, donde tanto la totalidad del elenco como los músicos de la orquesta, juntaron su esfuerzo en una explosiva demostración de talento y colorido.

 

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Escena perteneciente a unos de los ballets del período clásico, presentados por Ballet Etudes del sur de la Florida, bajo la dirección de Susana Prieto.