Antología
músical de la era cristiana en la Iglesia del “Gesu”,
en Miami
Por Luis Felipe Marsáns
Ocurrió
hace tiempo, pero fue tan extraordinario, que el
concierto ofrecido en diciembre de 1999 con una
antología de musica cristiana, en el marco
estupendo de la Iglesia del “Gesu”, del downtown
de Miami, y
las sobresalientes
interpretaciones de la Orquesta Sinfónica del
extinto
maestro Manuel Ochoa (con la contribución
del Coro del Festival de Saint John Neumann,conducido por el
maestro, Gregory D. Sendler), merece un recuerdo
permanente.
Fue
en esa ocasión cuando el joven Maestro de Coro tuvo
su mayor lucimiento, comenzando con el "Himno
de la dulce memoria de Jesús", en su versión
latina, que data del añ0 200 de la Era; y luego con
Salve Regina,
concebido usando textos y melodías atribuidos a
Hermannus Contractus.
Asimismo
Sicut Cervus,
una obra del 1500, original de Giovanni Pierluigi
Palestrina, fue un capitulo excepcional, bajo la
bella estancia
de la iglesia; tanto como O
Magnum Mystyerium, escrito por Tomas Luis de
Victoria --durante la misma época anteriormente
citada--, trasladaron a la exclusiva audiencia a
predios ultra terrenales, por su belleza musical y
su contenido religioso.
La
primera parte del concierto concluyó con "Exsultate,
Justi in Domino", obra de Ludovico Viadana,
escrita entre los años 1564 y 1645 en que él vivió;
dando luego paso a la Miami Symphony Orchestra,
bajo la batuta de Ochoa, que inicio el siguiente
segmento con "Gloria
in Excelsis Deo", de Antonio Vivaldi y la "Sinfonía"
y el "Aleluya",
del oratorio El Mesías, de George Frederick Handel --adentrándose más en
la era Barroca—con
una magnífica interpretación, donde se
dieron de la mano el coro y la orquesta, bajo la
batuta del mismo Ochoa, con toda la emotividad que
llevaba implicita semejante combinación.
El
capitulo habría de concluir con Toccata
y Fuga, en Re Menor, de Juan Sebastián Bach,
pero no en su versión original para órgano, sino
en la transcripción orquestal que
cobró grandeza en la partitura de
Leopoldo Stokovsky; y especial dramatismo y
sonoridad en los instrumentos de la orquesta,
muy bien acoplados .
Tocata y fuga, de por si, representó un momento particularmente elevado de la
velada, porque, pese a su grandeza singular en los
instrumentos de la orquesta --sin que estemos
hablando en detrimento del órgano solo--, no es una
obra habitualmente ejecutada en los conciertos.
La
tercera parte de la singular velada enmarcó otras
obras de gran profundidad dentro de la Era Cristiana,
como cuando Ochoa entonó
con su orquesta Aware
The Harp, de
"La
Creación",
de Franz Joseph Haydn; y Laudate
Dominum, de Mozart,
dos de los principales compositores del
clasicismo propiamente; y el Aleluya de Exsultate Jubilate,
también de Mozart --con la contribución en la segunda de la soprano Kathleen Bell,
cantando en pleno dominio de sus facultades y
profundidad emotiva--; al igual que luego lo hizo en
el Ave
María, de Gounod, en arreglo de Bach, cuya
melodía iba dibujando el concertino, Cristian
Macelaru.
El
concierto, que fue concebido como un "Tributo a los 2000 años de musica en la Era Cristiana", incluyó
también en su repertorio otras muchas obras
hermosas de este corte, desde la antiguedad hasta el
siglo 19
--como fue la bella interpretación
del Sanctus,
del Réquiem, de Fauré--;
para no dejar atrás a los grandes autores del Siglo
XX.
Por
ejemplo, el Salmo
150, de Cesar Frank, quien murió en 1890,
se hizo escuchar con la combinación de la
orquesta y el coro con marcada sonoridad, producida
por el ensamble, dentro del ambiente acústico de la
antigua iglesia; y Respighi, a quien
se le conoce mas por sus "Fuentes"
y sus "Pinos" de Roma, ofreció aquí una
aportación a la cristiandad de supremo gusto y
delicadeza, ya dentro de los parámetros de las
composiciones del 1900. De otro lado,
Franz Biebl, a quien ni siquiera yo conocía
--y debo confesarlo--, se desdobló con un Ave
María diferente, que no defrauda a nadie que
este acostumbrados
a las otros.
El
concierto cobró vida igualmente con
The Lord is muy Shepherd (de la misa de Réquiem,
de John Rutter, compositor nacido en 1945),
en otra interpretación solista de Robert Winer, en
el oboe, que mereció
una mención
aparte; y concluyó con el Aleluya
del oratorio
El Monte de los Olivos, de
Beethoven, como culminación de esta excepcional
noche, musical y religiosamente, en la creación
de Beethoven y la interpretación emotiva de
los artistas
mencionados, a los que hay que sumarles la
contribución de Harold D. Henry y de Francisco
Muller, maestros excepcionles del órgano.
Dos
mil años de Música Cristiana
(en las postrimerías del año 1999)
fue posible gracias a la Iglesia del Gesu, la
Asociación de Universidades Católicas, y los Círculos
de "La inmaculada Concepción", St.
Ignatius of Loyola, San Francisco Xavier, Aloyssius
Gonzaga y Stanislas Kostha.
Las funciones de
Cecilia Valdés han confirmado la
contribución cultural de Pro Arte Grateli, en Miami
Por
Luis Felipe Marsáns
La
importancia que ha tenido la Sociedad Pro Arte
Grateli en sus
años de existencia fue destacada por sus
principales fundadoras y Directoras, Pili de
la Rosa y Marta Pérez
(esta última, ya fallecida) , en el curso de
una entrevista que les hice, en ocasión de su trigésimo
segundo aniversario.
“Cuando
Miguel de Grandy me dijo que había en Miami un
matrimonio (Pili de la Rosa y Demetrio Menéndez)
con los que se
podía contar para crear una asociación artística
que impulsara el arte musical cubano y español,
ayudando a la vez
a formar nuevos valores, no vacilé en
cancelar una gira que estaba haciendo por Europa,
para venir a Miami a acometer esta empresa; y
después de muchos años, veo todo lo que
hemos hecho", dijo Marta Pérez, en tal ocasión.
La
"Diva de Cuba", que gozaba entonces de
perfecta salud,
también me expresó que no le ha pesado ni
un instante el hecho de sacrificar su carrera
personal para dedicarse a la creación de una
compañïa lïrica para preservar el arte musical
autóctono cubano, "particularmente la
zarzuela", y, de ellas, Cecilia Valdés, que
fue presentado un número de veces siendo ella la
figura principal; y luego otras tantas, con artistas
invitadas, como Virginia Alonso, por citar una.
También
se ha presentado por parte de Grateli, durante este
tiempo, María la O, El Cafetal, Rosa, la China, y
muchas otras obras
del repertorio; además de las principales zarzuelas
españolas, montadas
con artistas de renombre; así como muchos de ellos
han actuado independientemente, en funciones de
gala, como son los casos de
Amparo Revelles, Nati Mistral, Jorge y
Alberto Belet, Alfredo Krauss y Rocïo Jurado.
Una
de las presentaciones de Cecilia Valdés
de la Sociedad Pro Arte Grateli, fue en la
que el papel estelar estuvo a cargo de
la joven
soprano Eglis Guitérrez, cuyo excepcional
talento la ha llevado a presentaciones operísticas
de grandes rangos, incluyendo la “Opera de
Miami”, no sólo por su
magnïfica voz, sino por sus posibilidades
artísticas.

EGLIS
GUTIERREZ
"Eglis
Gutiérrez va a ser siempre una gran Cecilia, por su
maravillosa voz, y las facilidades que tiene para la
actuación, en un papel que me hizo dar la vuelta al
mundo, y que yo le prometí a Gonzalo Roig, que
mientras que yo tuviera vida, ella la tendrïa también",
sostuvo Marta Pérez, en la entrevista a que hago
referencia. El legado de Marta, pues, se ha hecho
realidad en la señorita Gutiérrez.
Por
su parte, Pili de la Rosa expresó que tanto ella
como Demetrio están muy complacidos de haber
fundado la compañïa
Grateli (abreviatura que responde a "Gran
Teatro Lïrico") junto a Miguel De Grandy y a
Marta Pérez, "sobre todo porque hemos logrado
mantener vigente el repertorio de las
zarzuelas cubanas y españolas, además de haber
presentado a
artistas de gran envergadura; pero
principalmente porque Grateli se ha convertido en la
compañía que ha descubierto y forjado a los
grandes valores de la música lírica cubana de hoy
y del mañana".
Pili
ensalzó también la labor del maestro Alfredo Munar,
cuyo talento hizo
posible que, de
un disco, surgieran las nuevas partituras que se
ejecutan hoy, ya que todo ese material quedó
encautado por el
régimen comunista
de los Castro; y denotó especialmente el caso de la
"Marcha Habana", que faltaba completamente,
y que sólo se pudo reincorporar a la obra, gracias
a que Gustavo Roig (hijo del compositor Gonzalo Roig),
se la tarareó al maestro Munar
por teléfono, para que él pudiera hacerle
el arreglo.
En
la grabación original de Cecilia Valdés,
data de los años de 1950 –precisamente con
Marta Pérez en el papel estelar femenino--; pero su
primera presentación en vivo fuera de Cuba, tuvo
lugar en el Carnegie Hall, de Nueva York, en 1962,
también con Marta Pérez en la actuación
principal, dirigida por Alfredo Munar siguiendo sus
propios arreglos, según su propio relato, en una
mini entrevista aparte.
¡Beethoven vive allá arriba!
Por Luis Felipe
Marsáns
La
afición por la música clásica no es algo que
pueda transmitirse fácilmente si no hay en una
persona dada los elementos propios de sensibilidad y
gusto por una manifestación de carácter culto como
es ésta, y una persistente disciplina por
estudiarla, sea como intérprete de un instrumento,
o como un simple diletante. Sin embargo, creo con
certeza que una de las fuentes de acercamiento al
campo musical clásico, está en los niños,
dirigiendo sus inclinaciones desde sus primeros años,
al igual que a veces se hace con la pelota y fútbol.
Para
ello contamos hoy en día con numerosos recursos
educaciones, que pueden recrear
el ambiente musical de la antiguedad,
en que el interés
primaba
lo mismo en las Cortes y en la Iglesia, como entre
los menos afortunados socialmente hablando, que
compensaban la falta de recursos con la riqueza
incomparable de una partitura musical, escuchada en
vivo, dada la ausencia de los discos,
mucho antes de que estos fueran inventados.

OLEO
DE BEETHOVEN DEL FALLECIDO PINTOR CUBANO ALFREDO MAS
Beethoven
vive allá arriba, en discos de DVD, con imagen y el
sonido más auténtico a que podamos aspirar, es uno
de esos instrumentos a que me refiero, capaz de
proporcionarle al niño una perspectiva eficaz de lo
que fue la vida y música del gran compositor alemán,
dentro de una serie creada al efecto --“Classical
Kids, historias sinfónicas para todas las edades”--,
que inclina al muchacho a interesarse
por este arte, abriéndole su admiración por
los actores del teatro musical sinfónico de varias
épocas, como Bach, Mozart y Tchaikovsky: sus vidas,
la lucha por la subsistencia y la entrega a la
creación musical.
La
serie en cuestión, que tienen como productora a
Susan Hammond, está siendo distribuida en Estados
Unidos por "Naxos
of América y
sus volúmenes pueden adquirirse llamando al número
de teléfono 1-800-7578372, ó en la dirección
cibernética www.childrensgroup.com
Beethoven
vive allá arriba" (Beethoven Lives Upstairs) expone elocuentemente la tragedia personal de este gran genio
de la música, que compuso muchas de sus grandes
obras oyéndolas en su imaginación, por cuenta de
estar sordo; condición que alcanza su más alto
dramatismo en la "Sinfonïa Número Nueve
(Coral)", en cuya primera audición, la
orquesta terminó antes que él (había realmente un
director que llevaba la música en un ángulo aparte
de la orquesta), en un episodio doloroso, que le
hizo pensar por un momento que el estreno estaba
fallido. El DVD está editado de forma que los diálogos
pueden escogerse en tres idioma, a selección propia:
español, inglés y francés.
Con
el fallecimiento de Olga Guillot perdimos lo
mejor del bolero y la imagen impactante de la cubana
de los años '50
(Ilustro
este trabajo con trozos de una entrevista que le
hice en enero de 1995, entre muchas otras que fueron
publicadas en distintas fechas)
Por
Luis Felipe Marsáns
Viviendo
en mi
nativa Cuba –a mediados de la década de 1950--, yo era un joven
lleno de ilusiones, que se alimentaban con los
boleros románticos
(aparte de la intelectualidad de la música clásica),
cuando surgió en el panorama del arte popular de la
Isla, la figura incomparable de Olga Guillót; quien
luego fuera la reina de los escenarios melódicos
por doquier, convertida
ya en la figura
internacional artística por excelencia, que
apelaba al buen gusto de todos con su emotiva ejecución de un repertorio que en ella cobraba
una vida distinta,
avalado por su sutil hermosura de la joven
mujer cubana de entonces, que hacía vibrar
con su mensaje poético, cantándole al amor
que renuncia a todo en aras de su grandeza misma,
como ella lo
expresó siempre en “Miénteme”,
su himno de presentación.
Olga
era entonces una atracción inevitable que
arrastraba a los jóvenes
y a los que no lo eran tanto, porque siempre
supo aunar a sus dotes de artista de primer orden lo
apasionante del bolero cubano que enaltecía al amor
en sus mayores dimensiones, con el carácter y el
dramatismo de la artista genuina, que va más allá
de la simple canción para llevar su mensaje al
paroxismo de la relación sentimental de una pareja,
encerrado en el bolero, que traspasaba todas las
fronteras.
Cuando
la revolución comunista transformó el destino de
la Isla,
ella se convirtió en algo todavía más
representativo ante el mundo, que la artista por
excelencia para su género musical más admirado y
refinado dentro de la música popular. Al marchase
para siempre para no doblegarse a la doctrina
totalitaria, fue desde entonces la embajadora artística
que subía a los escenarios de todos los países que
la acogían, fundamentalmente
de México, donde desarrolló aún más su carrera y
vivió durante muchos años, antes de radicarse en
Miami “para estar al lado de los míos”. Y en
Miami murió en el mes de julio del año 2010,
rodeada del cariño de todos sus compatriotas,
pero sin poder lograr su sueño de “volver a
cantar en una Cuba libre”, como siempre decía.
La
primera vez que vi cantar a Olga Guillot en el
exilio, fue en el ya inexistente Teatro
Hialeah (del que era copropietario Charles
Siegler, fotógrafo periodístico de los artistas en
la Cuba Republicana); en lo que constituyó, todavía en la década de 1960,
un espectáculo sin precedentes, artístico y patriótico,
que culminó con la vibrante
ejecución de “Mi
Habana”, pieza que levantó al público de
sus asientos, tal como
cuando, al final de la misa que le ofreció
el Arzobispo de Miami, en la Iglesia de St.
Michael (San Miguel, El Alcángel), se
escuchó en una grabación, que arrancaba las lágrimas
de los asistentes que no la esperaban. Fue como un
Réquiem
de Olga
Guillot para Olga Guillot.
Lo
que más conmocionó la muerte de Olga Guillot, a
los 80 años, no tenía sólo que ver con
su trayectoria artística, cuyo legado
perdurará siempre en sus grabaciones de discos, videos y películas: fue la desaparición física de la cubana típica
que hacía honor a su origen, compartiendo con la
gente de todos los niveles; y
que a la par que recibía la admiración y el
respeto de todos los que tuvieron la oportunidad de
tratarla; ella los reciprocaba a raudales, con una
sencillez asombrosa de la
persona que había conquistado
artísticamente al mundo, a través de la
canción y otros géneros musicales, en sus
ejecuciones sin par, particularmente, del bolero.
En
una entrevista que le hice a Olga Guillot, en
enero de 1995, ella me dijo, respondiendo a
una pregunta sobre
su inmortalidad en el gusto popular, que “como
que mi género es el bolero, que siempre lo he
mantenido como algo fundamental de mi trabajo cuando
canto; he dejado una huella en todos, como para que
la gente me tenga presente siempre”.
“Claro, que otro factor es el estilo, que fue lo que
más impresionó al público desde que era jovencita;
y por ello me siento muy satisfecha, ya que he sido
una escuela para muchos, dejando una maestría”, agregaba entonces.
“Mimada
por el público cubano desde sus inicios en el canto
–por su musicalidad, linda voz, subyugante
personalidad y grandilocuencia expresiva en sus
interpretaciones--, Olga Guillot era ya en los años
de 1950 una artista que se empinaba al estrellato
internacional, en presentaciones en vivo y mediante
una producción de discos que sus admiradores
tocaban continuamente en sus hogares, cuando no los
escuchaban a través
de la radio.
En
la entrevista a que me refiero, la cuestión
del repertorio fue un factor importante
cuando hablamos sobre la carrera de Olga, en una época
en que el romanticismo más acendrado se tendía por
los cielos de Cuba y la América Latina,
particularmente en Chile, donde Lucho Gatica, entre
los cantantes masculinos, emergía con un estilo
diferente, que cautivó a los cubanos.
“Tuve la suerte de que todos los compositores que he
interpretado, me han dado éxitos –y yo les vivo
agradecida a todos ellos--, de manera que hablar de
preferencias es un poco difícil; pero está, por
otro lado, la historia de Miénteme,
que, como un himno, fue la canción que me
internacionalizo, y que, por consiguiente, yo canto
donde quiera que voy”, y puntualizo la Guillot.
“Fue
mi primer disco, mi primer bolero, y el que comenzó
a darme vigencia pública y me sacó fuera de Cuba a
seguir cantando; así que Miénteme
siempre va conmigo, porque es como si tu le
quisieras decir a Frank Sinatra que no cantara mas My
Way, o esperar que Liza Minelli dejara fuera
de repertorio su clásico New
York, New York,” enfatizó Olguita.
En
ese mismo nivel de importancia, Olga Guillot mencionó
Tú Me Acostumbraste, de
Frank Dominguez,
“que no me abrió Cuba, pero sí me abrió otros países, incluyendo a
Mexico, donde me adoran y admiran, al extremo que me
llaman la maestra”.
En
otro punto de esta entrevista, la Guillot dijo que
en una presentación que ella ofreció junto a Lucho
Gatica y a Los
Diamantes, en el cabaret miamense La Scala, del hotel Los
Cuatro Embajadores –como un homenaje al
bolero--, “fue
también la manera de darnos el gusto nosotros
mismos, ya que vemos como esta generación nueva está
arrullándose y los cantantes de ahora, como Luis
Miguel, están triunfando con el bolero y las cosas
que hicimos nosotros hace cuarenta años”.
..“¡Qué bueno que estamos nosotros vivos —Marco
Antonio Muñiz, Lucho Gatica y yo, entre otros—para
ver este renacimiento!”.
Recordó
Olga Guillot, cómo muchachos que contaban en ese
momento 15 años de edad solamente, “siguen
admirando la memoria y las interpretaciones en
discos de Elvis Presley, como el Rey”; y dijo
que si algo ambicionaba de veras para el futuro, “es que cuando yo falte, las nuevas generaciones de cubanos y de
latinoamericanos sigan admirando mi memoria…No
quiero morirme por muchos años más, pero cómo que
eso es inevitable cuando nos llegue el día, sería
maravilloso que me recordaran así”, preciso.

OLGA
GUILLOT Y LUIS FELIPE MARSANS
Pero
hubo algo excepcional que dio carácter a la vida de
Olga Guillot: su cubanٌa.
Gracias a que la fama internacional no opacó
nunca sus sentimientos de cubana y su amor por la
libertad de su pueblo, la causa de la liberación de
Cuba, y su anticomunismo, estuvieron
siempre presentes en todas sus actuaciones.
Cuando
hablamos durante esta entrevista (1995) de sus
presentaciones llenas de patriotismo en el Teatro Hialeah, Olga me dijo: “En esa época yo tenía ya la
puerta grande en México, y, sin embargo, venía a
Miami a esos espectáculos para ayudar a todos mis
amigos cubanos que tenían sus negocios de teatro,
porque aunque yo estaba ganando cualquier cantidad
de dinero, sabía que en Miami no había espectáculos,
y que con mi presencia contribuía a alentar a los
exiliados”.
“En México cantan hasta las piedras, y, sin embargo,
allí aceptaron mi estilo y me dejaron desarrollar
mi carrera artística y ser respetada y admirada por
todos; pero cuando venía a cantar aquí, en Miami,
me divertía mucho porque también me hacía falta
estar entre mis raíces y mi gente, en ese calorcito
cubano, donde llorábamos juntos cantándole a La
Habana, en un minuto donde estábamos todos muy
sensibles y heridos”, añadió.
Olga
se refirió también a las críticas que generó en
algunos sectores
su respaldo incondicional a la causa de la
libertad de Cuba,
“cuando llegaron a decirme que dejara eso a un
lado porque yo era una artista”. Y continuó
diciendo: “Chica,
vas a echar a perder tu carrera, tú no eres política,
me dijo uno; y yo le respondí: la desgracia de mi
país no es política, y no se equivoque, porque eso
es patriotismo, y la patria es una sola donde uno
nació”. De ahí que todos los cubano
exiliados le concedieron a Olga Guillot el apelativo
de ¡Olga de Cuba!.
Y
con el mismo tema cubano, Olga Guillot llegó al
final de esta entrevista de 1995 diciendo: “Salí
de Cuba hace 35 años, que no es cualquier cosa, y
lo único que le pido a Dios es no perder el color
en el exilio, sino seguir manteniendo mi lucha en
todos los escenarios que me necesiten, y los que yo
voy espontáneamente, como cubana, para poder ver si
algún día, Dios se apiada de nosotros y nos
permite volver a nuestra patria”.
Ante
el féretro de Olga, en la misa de cuerpo presente
que se le tributó en la Iglesia de St. Michael, de Miami, recordar estas palabras producía en
nosotros una profunda conmoción, porque Olga
Guillot, no podría ya volver con vida a su nativa
Cuba, la tierra de la que durante medio siglo fue
una exiliada por excelencia y un símbolo de la
lucha de los cubanos por lograr su libertad.
Descansa en la paz de Dios, mi querida Olguita, gran
artista y amiga y, sobre todo, gran cubana.
Luis Felipe Marsáns, Miami, julio del 2010. ©
Celia
Celia Cruz seguirá vigente como la máxima expresión
del género afrocubano y la guaracha
Por
Luis Felipe Marsáns
Desde que era muy joven, admiré el arte de Celia Cruz, en
mi nativa Cuba. Sus boleros, sones, guarachas
y piezas bailables de carácter afrocubano,
le dieron a la carrera de esta artista una
singularidad y un valor extraordinario, que nunca
pudo igualar nadie. Su repertorio era siempre tan
rico y bien
interpretado, que poco a poco fue alcanzando una
estatura universal, como lo prueban los videos de
sus conciertos por doquier. Sin embargo, nunca dejó
de sentir su cubanía en lo más profundo de su
corazón, y su presencia al lado de la causa del
anticomunismo, jamás flaqueó.
Hubo también en ella una condición humana que no podría
medirse, cooperando con la "Liga contra el cáncer",
de Miami, en
sus telemaratones
anuales junto a Lourdes Aguila, al lado de la cual
estuvo siempre buscando los recursos para que
aquellos menos afortunados, tuvieran las
posibilidades de curarse. Irónicamente, una
y otra perecieron a causa del mismo mal.
Hoy
se recuerda sus excepcionales dotes para la música,
con un genio nato, que la hacía crear, junto al
conjunto musical que la acompañara, obras de
primera magnitud, ante públicos diversos,
incluyendo el más culto que asistía a los "Conciertos
Pops" de la ya inexistente
Florida
Philharmonic.
Fue en uno de esos programas --auspiciado por la casa
Bacardí--, donde
lo clásico se mezcló con lo popular ante la
presencia de Celia Cruz como artista invitada. Allí,
en el "Performing Arts de Miami Beach" (Jacquie Gleason Theatre), ella
se agigantó ante la
vehemente reacción del público asistente,
que la premió
con aplausos
atronadores, en una ovación de pie, que conmovía a
unos y a otros.
Unos días antes de ese
concieerto, Celia me dijo,
en una entrevista, que se sentía feliz de
haber llevado por tantos años la alegría de su música
al público cubano y al latinoamericano de todos los
rincones; pero que el hecho de presentarse en
concierto con una orquesta filarmónica, venía a
colmar aún más sus satisfacciones y honores,
aúmentando el éxito de su carrera
Hoy quiero recordar esas palabras, para que ellas queden
también cifradas en la historia de esta artista sin
par, que en esa aparición única,
elevó su género al más alto de los rangos.
Celia Cruz, pues, vivirá siempre en nuestros
recuerdos y en nuestros corazones.
|
La
Novena Sinfonía de Beethoven en
transcripción de Liszt para dos pianos y
las Partitas de J.S. Bach en recientes
realizaciones de “Naxos of america”
Por
Luis Felipe Marsáns
Con
el desarrollo de la tecnología digital
para el sonido, las grabaciones en discos
se han multiplicado a lo largo de las últimas
décadas,
dando lugar a que –tras la
reedición de los grandes clásicos del
ayer--, la música de los compositores del
Siglo XX y los contemporáneos, sigan
alcanzando un lugar prominente en todas
las discotecas, tanto las
de los aficionados, como los
estudiosos y profesionales.
Más
aún, el mismo fenómeno ha hecho posible
que arriben al mercado muchas grabaciones
de piezas únicas, que por mucho tiempo no
estuvieron al alcance del público en
general, como es el caso de la transcripción
de Franz Liszt para dos pianos de la
“Sinfonía Coral” (No.9) de Beethoven,
que la compañía “Naxos of América”
ha lanzado recientemente –en el volumen
8.570466DDD--, interpretada por Leon Mc
Cawley y Saley Wass, dentro de su vasta
serie, contentiva de toda la música para
piano del citado compositor húngaro.
En
el aspecto sinfónica propiamente, “Naxos”
presenta también , con número de matrícula
8.570737, la “Sinfonía No. 1” de Carl
Nielsen, a cargo de la Orquesta Sinfónica
Nacional Danesa, dirigida por Michael
Schonwandt; y, con los mismos intérpretes,
la Número Seis, subtitulada “Sinfonía
Simple”, ambas llenas del colorido rítmico
y melódico que caracterizó al
compositor, uno de los más sobresalientes
e ingeniosos de su época, condiciones que
recoge muy bien el citado director para
transmitírselas a los integrantes de su
orquesta.
Música
de Argentina, del cubano Aurelio De La
Vega y de compositores de Estados Unidos
En
una magnífica combinación que representa
igualmente un crossover, la linda
soprano Isabel Bayrakdarin, acompañada
por un ensamble de virtuosos en
este tipo de música, nos traen, en el
volumen MVCD1176, una
colección de lo esencial dentro de las
mejores manifestaciones del Cono
Sur,
llevadas al rango del concierto clásico,
con
piezas inolvidable (algunas de
Gardel), como “Por una Cabeza”, “Volver”,
“El día que me Quieras”, el famoso y
romántico “Celos”, y “La comparsita”,
hasta el número total de 17.
Finalmente,
sobresale la música de compositores de
Cuba y Estados Unidos de esta época,
concebida dentro de hermosos estilos
y maestría en la estructuración
musical, especialmente en la “Variación
del Recuerdo”, del cubano
Aurelio De La Vega, que lo define en esta
obra como alguien que, habiendo cultivado
con creces el mensaje abstracto, es un
hombre capaz de manejar con melancolía
romántica la tristeza y la alegría a la
vez, con pasión y un excelente contenido
melódico.

Con
el doctor De La Vega, también se lucen en
esta grabación Harold Schiffman, en su
“Concierto para flauta y Orquesta de
Cuerdas”; Jose Lezcano, en su
“Concierto para guitarra”; Allan
Crossman, en su singular pieza Flyer,
y Mary Jeanne Van Appledorn, en Soundscapes.
Todas ellas, como dije antes, aportan a la
música clásica de nuestros días, capítulos
de excelencia por su calidad y buen gusto.
Recordando
el
genio musical de David Brubeck, más
allá del jazz
Por
Luis Felipe Marsáns
Conocí
a David Brubeck a través de su
disco de jazz "Time Out", de
larga duración, que se convirtió en un
clásico del género, editado a principios
de la década de 1960, donde él tocaba el
piano espectacularmente, acompañado por
su cuarteto de entonces, y del que todavía
es su
famoso Blue Rondó a la Turka.
Convertido
en una leyenda del jazz norteamericano, lo
seguí en otras grabaciones de igual
valor, hasta que tuve la gran suerte de
verlo tocar en vivo con su grupo, en un
concierto ofrecido en Boca Ratón –durante
los años del 90--, hasta donde me llevó
mi hijo, quien a la sazón tenía su
propio
conjunto de música moderna.
En
esa ocasión, realmente pude ver y
escuchar la extraordinaria musicalidad y
dominio técnico de este hombre
improvisando sobre el teclado, y
ejecutando la música
autóctona de este
país. Pero además, quedé
maravillado de cómo los instrumentistas
que lo acompañaban, eran de buenos, al
extremo de que el que tocaba la batería,
y particularmente el bombo, en una de las
piezas ejercía el golpe de tal manera,
que parecía, con un solo pie,
un redoblante con sonido grave.
Así
se lo comenté al mismo
Brubeck cuando, de forma fortuita,
me lo encontré en el aeropuerto de
Washington, varios años después. Ese día
me dijo, con virtual alegría, que iba a
venir a Miami a participar de un concierto
con "Marchito", uno de los célebres
músicos cubanos dedicados al jazz
norteamericano --con una contribución
importante--, al que, por
cierto, no pude asistir, con lo que
me quedé privado de verlo más, pues él
murió poco después, en Nueva York.
Pero
Brubeck, quien ahora debe estar
acercándose a los noventa
años de edad, ha continuado
ascendentemente su carrera, no sólo como
intérprete del jazz, sino también añadiendo
a su repertorio, composiciones de obras
superiores –que inició hace décadas--,
en las que mezcla los principios del jazz
con
temas clásicos y religiosos,
haciendo una fusión de ideas, lo mismo en
un campo que en el otro, con solistas
vocales y grupo corales.
La
primera grabación que pude obtener de éstas
fue --en dos discos de larga duración,
cuando aún no existían los compactos--
"The Light in the
Wilderness", que en español sería
algo así como "La luz aparece en el
desierto". Aquí, el compositor
crea lo que se dio en llamar
"Un Oratorio
para Hoy", obra de grandes
proporciones, en cuya interpretación
intervinieron la "Sinfónica de
Cincinnati", bajo la batuda de Erich
Kunzel, con el mismo Brubeck al piano, y
la
voz solista del barítono William
Justus; además del órgano de
Gerre Hancock, y los "Cantores
A Capella" de la Universidad de
Miami, dirigidos por George Barron.
La
compañía disquera "Naxos" lanzó,
no hace mucho, en una
grabación digital, la creación de
Brubeck de 1969,
"La puerta de
la
Justicia",
concebida dentro de una original
combinación de géneros, empleando a su
Trío, dentro de una coral y una Banda de
Jazz, además de un cantor
de las Escrituras Judáicas
(Alberto Mizrahi); y un barítono
afroamericano (Kevin Deas) que entona
textos espirituales de Martin
Luther King Jr., a amanera de mensaje
unificador, y de la mezcla
de los ritmos del jazz y los cantos
de esa religión, que representan, a la
vez, un importante intercambio cultural.
El
disco compacto, que forma parte de la
serie "American Classiccs", de
la citada compañía disquera, tiene el número
de catálogo 8.559414, y mantiene de
principio a fin una gran sonoridad, lo
mismo en lo
instrumental que en las
voces solistas y
corales, procedentes de la
Sociedad Coral de Baltimore,
dirigida por Rusell Gloyd y Tom Hall.
Pero
lo que me parece más importante de
destacar cuando hablamos de David Brubeck
es su talento y amor extraordinarios para
la música, y su constante dedicación a
la fusión de géneros distantes entre sí,
empinándose hacia un neoclasicismo
religiosos poco común, sin dejar a un
lado su grandeza expresiva y el
virtuosismo instrumental interpretativo
del jazz
norteamericano de calibre, que
emerge desde sus
manos sobre el teclado de una
manera única,
que al mismo tiempo, él le
transmite
a los acompañantes, miembros de su grupo.
CARATULA
DEL DISCO EN CUESTION
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Compositores
que sobresalen siempre en ediciones de CD's
Entre las ediciones que han sobresaido en los último años de la
casa “Naxos”, sobresalen la Sinfonía No. 4 de Johannes Brahms
(8.570233), que completóel ciclo completo del autor alemán,
interpretadas por la Orquesta Filarmónica de Londres, bajo la
batuta de Marin Alsop. La realización agrupa, además, las Danzas
Húngaras números 2 y de la 4 a la 9 del mismo compositor, que
sobresalió igualmente cultivando ese género.
Por
otra parte, La Sinfonía No. 1 del mismo Brahms –que forma parte
del ciclo mencionado--, aparece en la etiqueta
“Pentaton Classics”( PTC 5186 307), igualmente
distribuida por “Naxos”, junto a las encantadoras Variaciones
Sobre un Tema de Haydn, esta vez ejecutadas por la Sinfónica de
Pittsburg, al frente
del director Marek Janowski.
La grabación
a que me refiero pertenece a una nueva generación de
discos compactos llamada Super Audio CD, que logra un sonido mucho
más rico si se toca en un reproductor de DVD, aunque solamente
trae sonido, sin que haya ninguna imagen incorporada. O sea que se
trata de un sonido repartido en muchos canales, por lo que la
separación de los instrumentos es más evidente. Valga aclarar,
sin embargo, que en un reproductor de CD normal, la calidad no
merma en lo absoluto.
De la misma serie,
y tal vez como una continuación del compromiso artístico de la
compañía con la violinista Julia Fischer (de cuya grabación
del Concierto de Tchaikovsky ya escribimos hace unos meses),
aparece ahora una
sensible y lograda ejecución de los conciertos números 3 y 4 de
Mozart (PTC5186 064), acompañada
por la Orquesta de Cámara de Netherland (Países Bajos),
conducida por el maestro Yakov Kreizberg.
Un
album de particular interés, entre los últimos lanzados por la
firma disquera “Naxos” es el
dedicado al 125 Aniversario de Stravinsky (8.557508), y que
contiene, interpretado por la “Filarmonia Orchestra”, bajo el
comando de Robert Craft, la
música del ballet “La Consagración de la Primavera”, la
Sinfonía Para Instrumentos de Viento; y su Violín Concerto, de
1931, tocado por Jennifer Frautschi en la parte solista.
De
igual forma, “Fancy Free”, el ballet completo de Leonard
Brnstein; junto a otra de sus composiciones de este tipo –Dybbuk—aparecen
ambos en sus versiones completas, en el volumen de la serie
“American Classics” (8.559280), tocados por la Sinfónica de
Nashville –que suena cautivadoramente--, bajo la dirección de
Andrew Mogrelia, junto al bajo cantantes, Mark Risinger; y el barítono
Mel Risinger.
La
Serie “American Classic”, de Naxos, se nutre también con música
de Phillip Glass (Heroes Symphony y The Light), en el volumen
8.559325; y en el compacto 8.559314, que contiene las grabaciones
de las “Canciones Americanas de Amor”, de Arlen y Gershwin,
entonadas por la encantadora, versatil, y linda voz de la
soprano Carole Farley, acompañada al piano por John Constable, y
que incluye, además, la premiere mundial de obras vocales
de Kurt Weill.
A
esta serie de Clásicos Americanos se unen realizaciones de los
compositores Charles Ives (Variaciones sobre América), 8.570559;
Howard Hanson (Merry Mount), 8.666012-13; y, de Joan Tower,
“Made in America” (Hecho
en América), Tambor y “Concierto para Orquesta”, todas
interpretadas explosivamente en el volumen 8.559328, por la Sinfónica
de Nashville, dirigida por Leonard Slatkin. La obra, en general,
guarda igualmente un delicioso carácter melódico.
Pero
un compacto de “Naxos” que merece la atención especial del
diletante es el que acaba de lanzar, titulado “Wagner: Síntesis
Sinfónicas de Stokowski”. Esto, claro, no debe confundirse con
la sinfonía que escribió el compositor en vida, sino a unos
arreglos que dejó el gran
director de orquesta (y compositor también) sintetizando obras
del autor de “El Anillo de los Nibelungos”.
Ejecutados
todos por la “Bournemouth Symphony Orchestra”, bajo la batuta
del maestro José Serebrier –discípulo y protegido de Stokowski--,
la concepción discográfica está integrada por seis grupos de
transcripciones de Ricardo Wagner, a saber, la escena de la
entrada de los Dioses, del Anillo; el Preludio de muerte de amor
de Tristan e Isolda; el Acto Tercero de Parcifall, en una síntesis
sinfónica; la Música Las Valkirias y otros preludios del gran
genio alemán.
Realmente,
nunca escuché el disco, pues pracababa de salir cuando escribí
estas líneas; pero me anticipé sin temor
a recomendar su estudio, porque en él se reúnen varios
elementos que no pueden pasarse por alto. Primero, la música
incomparable de Ricardo Walger, luego el talento indiscutible de
Stokowski para las transcripciones --según hemos comprobado en
las que hizo de Juan Sebastián Bach--; y luego, como lo ha
demostrado en grabaciones anteriores, la gran capacidad para
dirigir la sinfónica del maestro Serebrier, además compositor de
talento, quien comenzó su carrera en el pódium junto al mismo
Stokowski. La Segunda Sinfonía de Serebrier, por cierto,
está también entre las últimas realizaciones en discos
compactos de “Naxos”.
En este caso,
la ejecución es tremendamente dramática, lo mismo en las
secciones orquestales –que resuenan con pasión y
claridad sonora —que en el
acoplamiento de voces que emergen con plenitud y claridad
sonora, tanto como de un lado como del otro, con especial énfasis
en “Fortuna, la Emperatriz del Mundo”, que abre y
cierra la composición, de una hora de extensión.
El
perfeccionamiento del sonido digital para la música clásica ha
logrado que en cada nueva
grabación de las piezas más importantes de la música clásica
puedan llevar a las salas de los hogares la misma perfección
sonora de la sala de concierto en vivo –salvadas las diferencias—logrando
que los amantes de este arte incomparable y sublime llegue a
quienes han nacido
con esta suprema sensibilidad para la música culta, y sin los
recursos para asistir al teatro, y esta Carmina Burana es la mejor
prueba de ello.
Marin Alsop, una de las directoras mujer
más sobresaliente de nuestros días –como lo ha demostrado en
sus actuaciones en Miami--, logra en esta grabación una excelente
y grandiosa versión de la obra de Carl Orff conduciendo con gran
maestría cada unos
de sus 25 capítulos –al frente de la “Orquesta Sinfónica de
Bournemouth”; pero es igualmente excepcional la captación
digital de los instrumentos y las distintas tesituras de las voces
solistas, así como del coro.
Nacido en 1895 en Alemania, Carl Orff es
un producto de la Academia de Música
del su mismo lugar de nacimiento, donde desarrolló su
carrera como músico y compositor, y director de orquesta
brevemente interrumpida por la Primera Guerra Mundial. A lo largo
de los años, su producción fue vasta y notable, pero
probablemente lo que más haya trascendido es este oratorio (Carmina
Burana), donde
a despecho de la música religiosa, lo que aparecen son
textos combinados con danzas escénicas muy rítmicas, empleando
también elementos corales y coreográficos, que arrancan de
textos latinos alemanes, donde las voces de los solistas juegan un
papel extraordinario. (Merecen que
sean mencionados, además de la
directora y la orquesta que ya cité, los solistas,
soprano Claire Rutter;
tenor Tom
Randle y el barítono Markus Fische, y el Coro Juvenil de
Highcliffe).
"Griselda",
la ópera de Vivaldi en CD's
Por
Luis Felipe Marsáns
“Griselda”,
ópera escrita por Antonio Vivaldi en 1735
–conceptuada como
un drama musical en tres actos--, es objeto de su primera grabación
en discos compactos, más de 300 años después de su creación,
en la etiqueta “Naive”, que distribuye en Estados Unidos y
Canadá la compañía disquera norteamericana Naxos.
Interpretada por un
elenco de magníficas voces, con el acompañamiento del
“Ensamble Matheus”, dirigido por Jean-Christopher Spinosi, la
obra está llena del glorioso sonido barroco, con libreto de
Apostolo Zeno (revisado por Carlo Goldoni), y entonado con toda
pureza en el canto y el recitativos de la época.

De
excelente timbre y pureza en la entonación y la variación de
matices, los artistas participantes hacen alarde de
calidad en cada uno de sus papales, sobre todo la contralto
Marie-Nicole Lemieux, en el role de Griselda.
No menos importante aparece en la trama la soprano Verónica
Cangeni, como Constanza; Simone Kermes –tambien
soprano--, encarnando a Ottone; el contratenor
Phillippe Jarouskky Stefano, como Roberto; el tenor
Stefano Ferrari, interpretando a Gualtiero y el contratenor
Lestyn Davies, como Corrado.
Por
su parte, la orquesta realiza un
trabajo convincente, particularmente por la brillantez que
caracteriza a los violines en
el periodo Barroco, y los eventuales momentos rítmicos de
la composición, sin contar la sincronizada participación del
clave.
En
un álbum de tres discos (OP30419) y el libreto completo, con
traducción al inglés y al francés, “Griselda”, de Vivaldi,
en esta grabación, es una verdadera joya musical de la antigüedad,
que ningún coleccionista de esta
música debe pasar alto, por su valor didáctico y una
belleza sonora que nos transporta
a lo celestial.
Saltando
de un extremo a otro, queremos consignar una magnífica realización
en el sello “Naxos”, dentro de
su serie “American Classics”, en la que la violinista
Chole Hanslip, acompañada por la “Royal Philharmonic
Orchestra”, bajo la batuta de Leonard Slatkin, interpreta de
forma convincente el Concierto para Violín y Orquesta de Jun
Adams y la “Chacona para Violín Rojo”, de John Adams,
(8.559302).
En
la continuación de la serie “American Classics”, de Naxo, el
Maestro José Serebrier interpreta
el “Concierto de Flauta de Ned Rodem, al frente de la
“Royal Philharmonic de Liverpool”, estando como solistas
Jeffrey Khaner, en la flauta, y Phillipe Quint, en el violín.
(8.559278).
Serebrier,
quien fuera asistente de Leopoldo Stokowsky, sobresale también en
una nueva grabación de Naxos, contentiva de
“Transcripciones de Bach”, entre las que figuran el “Aire
de su Suite Orquestal No. 3”, “Dos melodías
litúrgicas de la antigüedad”, “Passacaglia y Fuga en
Do menor”, la “Coral de la Cantanta de la Pascua Florida”,
la “Pequeña Fuga, en Sol Menor”
y otras siete composiciones de este tipo. (8.557883).
La
Serie de Clásicos Americanos se enriquece más aún con el CD
8.559240, que recoge numerosas partituras de Aaron Copland, como
son las “Cuatro Danzas Episodios de Rodeo” y la Suite de la
Película “The Red Pony”, de 1948, interpretadas por la
“Orquesta Sinfónica de Búfalo”, dirigida por JoAnn Falletta.
Completan el disco “Prairie Journal” y “Letter from Home”.
Concluyendo
los nuevos lanzamiento de discos compactos digitales de Naxos, en
la Serie de Clásicos Americanos, el volumen 8.559188 aparece con
música de cámara de John Harbison, cantada por la soprano
Lorraine Hunt Lieberson y la mezo-soprano Emily Lodine,
junto a la Orquesta de Cámara de Chicago; así como el volumen
8.559178, que contiene los Cuartetos de Cuerdas No. 1 y No. 2 de
Charles Ives, interpretados por el “Blair String Quartet”.
Para terminar este
recuento de realizaciones
digitales de Naxos, nada podía ser más interesante para el público
hispanoamericano del pais que el compacto
“Soprano, Canciones y Arias”, interpretado por la
soprano lírica de extensa trayectoria
y talento, Ana María Martínez, cantando con la
“Orquesta Filarmónica de Praga” arias de óperas y zarzuelas,
así como canciones de corte lírico.
Bajo
la dirección de Steren
Mercurio, la diva le concede un formidable tratamiento a
Les Files de Cádiz, de Delibes;
Je veux vivre, de Gounod (Romeo y Julieta); O
mio babbino Caro, de Gianni Schicchi, de
Puccini; El Nino Judio (De Espana Vengo), de Pablo
Luna; Un bel di vedremo, de Madama Butteefly,
de Puccini, y, entre otras, la parte cantada de la Bacchianas
Brasileiras No. 5, con ocho violonchelos. Recomiendo esta grabación (8.557827-Naxos) por la calidad expresiva,
entonación y timbre de voz de esta joven artista del bel canto.
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