Antología músical de la era cristiana en la Iglesia del “Gesu”, en Miami

 Por Luis Felipe Marsáns

Ocurrió hace tiempo, pero fue tan extraordinario, que el concierto ofrecido en diciembre de 1999 con una antología de musica cristiana, en el marco estupendo de la Iglesia del “Gesu”, del downtown de Miami,  y las  sobresalientes interpretaciones de la Orquesta Sinfónica del  extinto  maestro Manuel Ochoa (con la contribución del  Coro del Festival de Saint John Neumann,conducido por el maestro, Gregory D. Sendler), merece un recuerdo permanente. 

Fue en esa ocasión cuando el joven Maestro de Coro tuvo su mayor lucimiento, comenzando con el "Himno de la dulce memoria de Jesús", en su versión latina, que data del añ0 200 de la Era; y luego con Salve Regina, concebido usando textos y melodías atribuidos a Hermannus Contractus.

Asimismo Sicut Cervus, una obra del 1500, original de Giovanni Pierluigi Palestrina, fue un capitulo excepcional, bajo la bella   estancia de la iglesia; tanto como O Magnum Mystyerium, escrito por Tomas Luis de Victoria --durante la misma época anteriormente citada--, trasladaron a la exclusiva audiencia a predios ultra terrenales, por su belleza musical y su contenido religioso.

La primera parte del concierto concluyó con "Exsultate, Justi in Domino", obra de Ludovico Viadana, escrita entre los años 1564 y 1645 en que él vivió; dando luego paso a la Miami Symphony Orchestra, bajo la batuta de Ochoa, que inicio el siguiente segmento con "Gloria in Excelsis Deo", de Antonio Vivaldi y la "Sinfonía" y el "Aleluya", del oratorio El Mesías, de George Frederick Handel --adentrándose más en la era Barroca—con  una magnífica interpretación, donde se dieron de la mano el coro y la orquesta, bajo la batuta del mismo Ochoa, con toda la emotividad que llevaba implicita semejante combinación.

El capitulo habría de concluir con Toccata y Fuga, en Re Menor, de Juan Sebastián Bach, pero no en su versión original para órgano, sino en la transcripción orquestal que  cobró grandeza en la partitura de  Leopoldo Stokovsky; y especial dramatismo y sonoridad en los instrumentos de la orquesta,  muy bien acoplados .

Tocata y fuga, de por si, representó un momento particularmente elevado de la velada, porque, pese a su grandeza singular en los instrumentos de la orquesta --sin que estemos hablando en detrimento del órgano solo--, no es una obra habitualmente ejecutada en los conciertos.

La tercera parte de la singular velada enmarcó otras obras de gran profundidad dentro de la Era Cristiana, como cuando Ochoa entonó  con su orquesta Aware The Harp, de "La Creación", de Franz Joseph Haydn; y Laudate Dominum, de Mozart,  dos de los principales compositores del clasicismo propiamente; y el Aleluya de Exsultate Jubilate, también de Mozart --con la contribución  en la segunda de la soprano Kathleen Bell,  cantando en pleno dominio de sus facultades y profundidad emotiva--; al igual que luego lo hizo en  el Ave María, de Gounod, en arreglo de Bach, cuya melodía iba dibujando el concertino, Cristian Macelaru.

El concierto, que fue concebido como un "Tributo a los 2000 años de musica en la Era Cristiana", incluyó también en su repertorio otras muchas obras hermosas de este corte, desde la antiguedad hasta el siglo  19 --como fue la bella interpretación  del Sanctus, del Réquiem, de Fauré--; para no dejar atrás a los grandes autores del Siglo XX.

Por ejemplo, el Salmo 150, de Cesar Frank, quien murió en 1890,   se hizo escuchar con la combinación de la orquesta y el coro con marcada sonoridad, producida por el ensamble, dentro del ambiente acústico de la antigua iglesia; y Respighi, a quien  se le conoce mas por sus "Fuentes" y sus "Pinos" de Roma, ofreció aquí una aportación a la cristiandad de supremo gusto y delicadeza, ya dentro de los parámetros de las composiciones del 1900. De otro lado,  Franz Biebl, a quien ni siquiera yo conocía --y debo confesarlo--, se desdobló con un Ave María diferente, que no defrauda a nadie que este  acostumbrados a las otros.

El concierto cobró vida igualmente con  The Lord is muy Shepherd (de la misa de Réquiem,  de John Rutter, compositor nacido en 1945), en otra interpretación solista de Robert Winer, en el oboe, que mereció  una mención  aparte; y concluyó con el Aleluya del oratorio  El Monte de los Olivos, de Beethoven, como culminación de esta excepcional noche, musical y religiosamente, en la creación  de Beethoven y la interpretación emotiva de los   artistas mencionados, a los que hay que sumarles la contribución de Harold D. Henry y de Francisco Muller, maestros excepcionles del órgano.

Dos mil años de Música Cristiana  (en las postrimerías del año 1999)  fue posible gracias a la Iglesia del Gesu, la Asociación de Universidades Católicas, y los Círculos de "La inmaculada Concepción", St. Ignatius of Loyola, San Francisco Xavier, Aloyssius Gonzaga y Stanislas Kostha.

 Las funciones de Cecilia Valdés han confirmado la   contribución cultural de Pro Arte Grateli, en Miami

Por Luis Felipe Marsáns

La importancia que ha tenido la Sociedad Pro Arte Grateli en sus  años de existencia fue destacada por sus   principales fundadoras y Directoras, Pili de la Rosa y Marta Pérez  (esta última, ya fallecida) , en el curso de una entrevista que les hice, en ocasión de su trigésimo segundo aniversario.

“Cuando Miguel de Grandy me dijo que había en Miami un matrimonio (Pili de la Rosa y Demetrio Menéndez) con los que se  podía contar para crear una asociación artística que impulsara el arte musical cubano y español, ayudando a la vez  a formar nuevos valores, no vacilé en cancelar una gira que estaba haciendo por Europa, para venir a Miami a acometer esta empresa; y  después de muchos años, veo todo lo que hemos hecho", dijo Marta Pérez, en tal ocasión.

La "Diva de Cuba", que gozaba entonces de perfecta salud,  también me expresó que no le ha pesado ni un instante el hecho de sacrificar su carrera personal para dedicarse a  la creación de  una compañïa lïrica para preservar el arte musical autóctono cubano, "particularmente la zarzuela", y, de ellas, Cecilia Valdés, que fue presentado un número de veces siendo ella la figura principal; y luego otras tantas, con artistas invitadas, como Virginia Alonso, por citar una.

También se ha presentado por parte de Grateli, durante este tiempo, María la O, El Cafetal, Rosa, la China, y muchas otras  obras del repertorio; además de las principales zarzuelas españolas,  montadas con artistas de renombre; así como muchos de ellos han actuado independientemente, en funciones de gala, como son los casos de  Amparo Revelles, Nati Mistral, Jorge y Alberto Belet, Alfredo Krauss y Rocïo Jurado.

Una de las presentaciones de Cecilia Valdés  de la Sociedad Pro Arte Grateli, fue en la que el papel estelar estuvo a cargo de  la  joven soprano Eglis Guitérrez,  cuyo excepcional talento la ha llevado a presentaciones operísticas de grandes rangos, incluyendo la “Opera de Miami”, no sólo por su  magnïfica voz, sino por sus posibilidades artísticas.

   EGLIS GUTIERREZ 

"Eglis Gutiérrez va a ser siempre una gran Cecilia, por su maravillosa voz, y las facilidades que tiene para la actuación, en un papel que me hizo dar la vuelta al mundo, y que yo le prometí a Gonzalo Roig, que mientras que yo tuviera vida, ella la tendrïa también", sostuvo Marta Pérez, en la entrevista a que hago referencia. El legado de Marta, pues, se ha hecho realidad en la señorita Gutiérrez.

Por su parte, Pili de la Rosa expresó que tanto ella como Demetrio están muy complacidos de haber fundado la compañïa  Grateli (abreviatura que responde a "Gran Teatro Lïrico") junto a Miguel De Grandy y a Marta Pérez, "sobre todo porque hemos logrado  mantener vigente el repertorio de las zarzuelas cubanas y españolas, además de haber  presentado a  artistas de gran envergadura; pero principalmente porque Grateli se ha convertido en la compañía que ha descubierto y forjado a los grandes valores de la música lírica cubana de hoy y del mañana".

Pili ensalzó también la labor del maestro Alfredo Munar, cuyo talento  hizo posible que,  de un disco, surgieran las nuevas partituras que se ejecutan hoy, ya que todo ese material quedó encautado por  el régimen  comunista de los Castro; y denotó especialmente el caso de la "Marcha Habana", que faltaba completamente, y que sólo se pudo reincorporar a la obra, gracias a que Gustavo Roig (hijo del compositor Gonzalo Roig), se la tarareó al maestro Munar  por teléfono, para que él pudiera hacerle el arreglo.

En la grabación original de Cecilia Valdés,  data de los años de 1950 –precisamente con Marta Pérez en el papel estelar femenino--; pero su primera presentación en vivo fuera de Cuba, tuvo lugar en el Carnegie Hall, de Nueva York, en 1962, también con Marta Pérez en la actuación principal, dirigida por Alfredo Munar siguiendo sus propios arreglos, según su propio relato, en una mini entrevista aparte.

 ¡Beethoven vive allá arriba!

 Por Luis Felipe Marsáns

La afición por la música clásica no es algo que pueda transmitirse fácilmente si no hay en una persona dada los elementos propios de sensibilidad y gusto por una manifestación de carácter culto como es ésta, y una persistente disciplina por estudiarla, sea como intérprete de un instrumento, o como un simple diletante. Sin embargo, creo con certeza que una de las fuentes de acercamiento al campo musical clásico, está en los niños, dirigiendo sus inclinaciones desde sus primeros años, al igual que a veces se hace con la pelota y fútbol.

Para ello contamos hoy en día con numerosos recursos educaciones, que pueden recrear  el ambiente musical de la antiguedad, en que el interés  primaba lo mismo en las Cortes y en la Iglesia, como entre los menos afortunados socialmente hablando, que compensaban la falta de recursos con la riqueza incomparable de una partitura musical, escuchada en vivo, dada la ausencia de los discos,  mucho antes de que estos fueran inventados.  

 

OLEO DE BEETHOVEN DEL FALLECIDO PINTOR CUBANO ALFREDO MAS

Beethoven vive allá arriba, en discos de DVD, con imagen y el sonido más auténtico a que podamos aspirar, es uno de esos instrumentos a que me refiero, capaz de proporcionarle al niño una perspectiva eficaz de lo que fue la vida y música del gran compositor alemán, dentro de una serie creada al efecto --“Classical Kids, historias sinfónicas para todas las edades”--, que inclina al muchacho a interesarse  por este arte, abriéndole su admiración por los actores del teatro musical sinfónico de varias épocas, como Bach, Mozart y Tchaikovsky: sus vidas, la lucha por la subsistencia y la entrega a la creación musical.

La serie en cuestión, que tienen como productora a Susan Hammond, está siendo distribuida en Estados Unidos por  "Naxos of América  y sus volúmenes pueden adquirirse llamando al número de teléfono 1-800-7578372, ó en la dirección cibernética www.childrensgroup.com

Beethoven vive allá arriba" (Beethoven Lives Upstairs)  expone elocuentemente la tragedia personal de este gran genio de la música, que compuso muchas de sus grandes obras oyéndolas en su imaginación, por cuenta de estar sordo; condición que alcanza su más alto dramatismo en la "Sinfonïa Número Nueve (Coral)", en cuya primera audición, la orquesta terminó antes que él (había realmente un director que llevaba la música en un ángulo aparte de la orquesta), en un episodio doloroso, que le hizo pensar por un momento que el estreno estaba fallido. El DVD está editado de forma que los diálogos pueden escogerse en tres idioma, a selección propia: español, inglés y francés.

Con el fallecimiento de Olga Guillot  perdimos lo mejor del bolero y la imagen impactante de la cubana de los años '50

(Ilustro este trabajo con trozos de una entrevista que le hice en enero de 1995, entre muchas otras que fueron  publicadas en distintas fechas)

Por Luis Felipe Marsáns

Viviendo en  mi nativa Cuba –a mediados de la década de 1950--,  yo era un  joven lleno de ilusiones, que se alimentaban con los boleros  románticos (aparte de la intelectualidad de la música clásica), cuando surgió en el panorama del arte popular de la Isla, la figura incomparable de Olga Guillót; quien luego fuera la reina de los escenarios melódicos por doquier,  convertida ya en la figura  internacional artística por excelencia, que apelaba al buen gusto de todos con su   emotiva ejecución de un repertorio que en ella cobraba una vida distinta,   avalado por su sutil hermosura de la joven mujer cubana de entonces,  que hacía  vibrar  con su mensaje poético, cantándole al amor que renuncia a todo en aras de su grandeza misma, como ella  lo  expresó siempre en “Miénteme”, su himno de presentación.

Olga era entonces una atracción inevitable que arrastraba a los jóvenes  y a los que no lo eran tanto, porque siempre supo aunar a sus dotes de artista de primer orden lo apasionante del bolero cubano que enaltecía al amor en sus mayores dimensiones, con el carácter y el dramatismo de la artista genuina, que va más allá de la simple canción para llevar su mensaje al paroxismo de la relación sentimental de una pareja, encerrado en el bolero, que traspasaba todas las fronteras.

Cuando la revolución comunista transformó el destino de la  Isla, ella se convirtió en algo todavía más representativo ante el mundo, que la artista por excelencia para su género musical más admirado y refinado dentro de la música popular. Al marchase para siempre para no doblegarse a la doctrina totalitaria, fue desde entonces la embajadora artística que subía a los escenarios de todos los países que la acogían,  fundamentalmente de México, donde desarrolló aún más su carrera y vivió durante muchos años, antes de radicarse en Miami “para estar al lado de los míos”. Y en Miami murió en el mes de julio del año 2010,  rodeada del cariño de todos sus compatriotas, pero sin poder lograr su sueño de “volver a cantar en una Cuba libre”, como siempre decía.

La primera vez que vi cantar a Olga Guillot en el exilio, fue en el ya inexistente Teatro Hialeah (del que era copropietario Charles Siegler, fotógrafo periodístico de los artistas en la Cuba Republicana); en lo que constituyó, todavía en la década de 1960, un espectáculo sin precedentes, artístico y patriótico, que culminó con la vibrante  ejecución de “Mi Habana”, pieza que levantó al público de sus asientos, tal como  cuando, al final de la misa que le ofreció el Arzobispo de Miami, en la Iglesia de St. Michael (San Miguel, El Alcángel), se escuchó en una grabación, que arrancaba las lágrimas de los asistentes que no la esperaban. Fue como un  Réquiem de  Olga Guillot para Olga Guillot.

Lo que más conmocionó la muerte de Olga Guillot, a los 80 años, no tenía sólo que ver con  su trayectoria artística, cuyo legado perdurará siempre en sus grabaciones de discos, videos y películas: fue la desaparición física de la cubana típica que hacía honor a su origen, compartiendo con la gente de todos los niveles; y  que a la par que recibía la admiración y el respeto de todos los que tuvieron la oportunidad de tratarla; ella los reciprocaba a raudales, con una sencillez asombrosa de la  persona que había conquistado  artísticamente al mundo, a través de la canción y otros géneros musicales, en sus ejecuciones sin par, particularmente, del bolero.

En una entrevista que le hice a Olga Guillot, en  enero de 1995, ella me dijo, respondiendo a una pregunta  sobre su inmortalidad en el gusto popular, que “como que mi género es el bolero, que siempre lo he mantenido como algo fundamental de mi trabajo cuando canto; he dejado una huella en todos, como para que la gente me tenga presente siempre”.

“Claro, que otro factor es el estilo, que fue lo que más impresionó al público desde que era jovencita; y por ello me siento muy satisfecha, ya que he sido una escuela para muchos, dejando una maestría”, agregaba entonces.

 “Mimada por el público cubano desde sus inicios en el canto –por su musicalidad, linda voz, subyugante personalidad y grandilocuencia expresiva en sus interpretaciones--, Olga Guillot era ya en los años de 1950 una artista que se empinaba al estrellato internacional, en presentaciones en vivo y mediante una producción de discos que sus admiradores tocaban continuamente en sus hogares, cuando no los escuchaban a través  de la radio.

En la entrevista a que me refiero, la cuestión  del repertorio fue un factor importante cuando hablamos sobre la carrera de Olga, en una época en que el romanticismo más acendrado se tendía por los cielos de Cuba y la América Latina, particularmente en Chile, donde Lucho Gatica, entre los cantantes masculinos, emergía con un estilo diferente, que cautivó a los cubanos.

“Tuve la suerte de que todos los compositores que he interpretado, me han dado éxitos –y yo les vivo agradecida a todos ellos--, de manera que hablar de preferencias es un poco difícil; pero está, por otro lado, la historia de Miénteme, que, como un himno, fue la canción que me internacionalizo, y que, por consiguiente, yo canto donde quiera que voy”, y puntualizo la Guillot.

 “Fue mi primer disco, mi primer bolero, y el que comenzó a darme vigencia pública y me sacó fuera de Cuba a seguir cantando; así que Miénteme siempre va conmigo, porque es como si tu le quisieras decir a Frank Sinatra que no cantara mas My Way, o esperar que Liza Minelli dejara fuera  de repertorio su clásico New York, New York,” enfatizó Olguita.

En ese mismo nivel de importancia, Olga Guillot mencionó Tú Me Acostumbraste, de Frank Dominguez,  “que no me abrió Cuba, pero sí me abrió otros países, incluyendo a Mexico, donde me adoran y admiran, al extremo que me llaman la maestra”.

En otro punto de esta entrevista, la Guillot dijo que en una presentación que ella ofreció junto a Lucho Gatica y a Los Diamantes, en el cabaret miamense La Scala, del hotel Los Cuatro Embajadores –como un homenaje al bolero--, “fue también la manera de darnos el gusto nosotros mismos, ya que vemos como esta generación nueva está arrullándose y los cantantes de ahora, como Luis Miguel, están triunfando con el bolero y las cosas que hicimos nosotros hace cuarenta años”. ..“¡Qué bueno que estamos nosotros vivos —Marco Antonio Muñiz, Lucho Gatica y yo, entre otros—para ver este renacimiento!”.

Recordó Olga Guillot, cómo muchachos que contaban en ese momento 15 años de edad solamente, “siguen admirando la memoria y las interpretaciones en discos de Elvis Presley, como el Rey”; y dijo que si algo ambicionaba de veras para el futuro, “es que cuando yo falte, las nuevas generaciones de cubanos y de latinoamericanos sigan admirando mi memoria…No quiero morirme por muchos años más, pero cómo que eso es inevitable cuando nos llegue el día, sería maravilloso que me recordaran así”, preciso.

OLGA GUILLOT Y LUIS FELIPE MARSANS

Pero hubo algo excepcional que dio carácter a la vida de Olga Guillot: su cubanٌa.  Gracias a que la fama internacional no opacó nunca sus sentimientos de cubana y su amor por la libertad de su pueblo, la causa de la liberación de Cuba, y su anticomunismo, estuvieron  siempre presentes en todas sus actuaciones.

Cuando hablamos durante esta entrevista (1995) de sus presentaciones llenas de patriotismo en el Teatro Hialeah, Olga me dijo: “En esa época yo tenía ya  la puerta grande en México, y, sin embargo, venía a Miami a esos espectáculos para ayudar a todos mis amigos cubanos que tenían sus negocios de teatro, porque aunque yo estaba ganando cualquier cantidad de dinero, sabía que en Miami no había espectáculos, y que con mi presencia contribuía a alentar a los exiliados”.

“En México cantan hasta las piedras, y, sin embargo, allí aceptaron mi estilo y me dejaron desarrollar mi carrera artística y ser respetada y admirada por todos; pero cuando venía a cantar aquí, en Miami, me divertía mucho porque también me hacía falta estar entre mis raíces y mi gente, en ese calorcito cubano, donde llorábamos juntos cantándole a La Habana, en un minuto donde estábamos todos muy sensibles y heridos”, añadió.

Olga se refirió también a las críticas que generó en algunos sectores  su respaldo incondicional a la causa de la libertad de Cuba, “cuando llegaron a decirme que dejara eso a un lado porque yo era una artista”. Y continuó diciendo: “Chica, vas a echar a perder tu carrera, tú no eres política, me dijo uno; y yo le respondí: la desgracia de mi país no es política, y no se equivoque, porque eso es patriotismo, y la patria es una sola donde uno nació”. De ahí que todos los cubano exiliados le concedieron a Olga Guillot el apelativo de ¡Olga de Cuba!.

Y con el mismo tema cubano, Olga Guillot llegó al final de esta entrevista de 1995 diciendo: “Salí de Cuba hace 35 años, que no es cualquier cosa, y lo único que le pido a Dios es no perder el color en el exilio, sino seguir manteniendo mi lucha en todos los escenarios que me necesiten, y los que yo voy espontáneamente, como cubana, para poder ver si algún día, Dios se apiada de nosotros y nos permite volver a nuestra patria”.

Ante el féretro de Olga, en la misa de cuerpo presente que se le tributó en la Iglesia de St. Michael, de Miami, recordar estas palabras producía en nosotros una profunda conmoción, porque Olga Guillot, no podría ya volver con vida a su nativa Cuba, la tierra de la que durante medio siglo fue una exiliada por excelencia y un símbolo de la lucha de los cubanos por lograr su libertad. Descansa en la paz de Dios, mi querida Olguita, gran artista y amiga y, sobre todo, gran cubana.

Luis Felipe Marsáns, Miami, julio del 2010.  ©

 

  Celia Celia Cruz seguirá vigente como la máxima expresión del género afrocubano y la guaracha

Por Luis Felipe Marsáns

  Desde que era muy joven, admiré el arte de Celia Cruz, en mi nativa Cuba. Sus boleros, sones, guarachas  y piezas bailables de carácter afrocubano, le dieron a la carrera de esta artista una singularidad y un valor extraordinario, que nunca pudo igualar nadie. Su repertorio era siempre tan rico y  bien interpretado, que poco a poco fue alcanzando una estatura universal, como lo prueban los videos de sus conciertos por doquier. Sin embargo, nunca dejó de sentir su cubanía en lo más profundo de su corazón, y su presencia al lado de la causa del anticomunismo, jamás flaqueó.

  Hubo también en ella una condición humana que no podría medirse, cooperando con la "Liga contra el cáncer", de Miami,  en sus telemaratones anuales junto a Lourdes Aguila, al lado de la cual estuvo siempre buscando los recursos para que aquellos menos afortunados, tuvieran las  posibilidades de curarse. Irónicamente, una y otra perecieron a causa del mismo mal.

Hoy se recuerda sus excepcionales dotes para la música, con un genio nato, que la hacía crear, junto al conjunto musical que la acompañara, obras de primera magnitud, ante públicos diversos, incluyendo el más culto que asistía a los "Conciertos Pops" de la ya inexistente  Florida Philharmonic.

  Fue en uno de esos programas --auspiciado por la casa Bacardí--, donde  lo clásico se mezcló con lo popular ante la presencia de Celia Cruz como artista invitada. Allí, en el "Performing Arts de Miami Beach"  (Jacquie Gleason Theatre), ella se agigantó ante la   vehemente reacción del público asistente, que la premió  con  aplausos atronadores, en una ovación de pie, que conmovía a unos y a otros.

  Unos días antes de ese  concieerto, Celia me dijo,  en una entrevista, que se sentía feliz de haber llevado por tantos años la alegría de su música al público cubano y al latinoamericano de todos los rincones; pero que el hecho de presentarse en concierto con una orquesta filarmónica, venía a colmar aún más sus satisfacciones y honores,  aúmentando el éxito de su carrera

  Hoy quiero recordar esas palabras, para que ellas queden también cifradas en la historia de esta artista sin par, que en esa aparición única,  elevó su género al más alto de los rangos. Celia Cruz, pues, vivirá siempre en nuestros recuerdos y en nuestros corazones.

 

La Novena Sinfonía de Beethoven en transcripción de Liszt para dos pianos y las Partitas de J.S. Bach en recientes realizaciones de “Naxos of america”

 

Por Luis Felipe Marsáns

 

Con el desarrollo de la tecnología digital para el sonido, las grabaciones en discos se han multiplicado a lo largo de las últimas décadas,  dando lugar a que –tras la reedición de los grandes clásicos del ayer--, la música de los compositores del Siglo XX y los contemporáneos, sigan alcanzando un lugar prominente en todas las discotecas, tanto las  de los aficionados, como los estudiosos y profesionales.

                                                     

Más aún, el mismo fenómeno ha hecho posible que arriben al mercado muchas grabaciones de piezas únicas, que por mucho tiempo no estuvieron al alcance del público en general, como es el caso de la transcripción de Franz Liszt para dos pianos de la “Sinfonía Coral” (No.9) de Beethoven, que la compañía “Naxos of América” ha lanzado recientemente –en el volumen 8.570466DDD--, interpretada por Leon Mc Cawley y Saley Wass, dentro de su vasta serie, contentiva de toda la música para piano del citado compositor húngaro.

      

 

En el aspecto sinfónica propiamente, “Naxos” presenta también , con número de matrícula 8.570737, la “Sinfonía No. 1” de Carl Nielsen, a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional Danesa, dirigida por Michael Schonwandt; y, con los mismos intérpretes, la Número Seis, subtitulada “Sinfonía Simple”, ambas llenas del colorido rítmico y melódico que caracterizó al compositor, uno de los más sobresalientes e ingeniosos de su época, condiciones que recoge muy bien el citado director para transmitírselas a los integrantes de su orquesta.

 

Música de Argentina, del cubano Aurelio De La Vega y de compositores de Estados Unidos

 

En una magnífica combinación que representa igualmente un crossover, la linda soprano Isabel Bayrakdarin, acompañada por un ensamble de virtuosos en este tipo de música, nos traen, en el volumen MVCD1176, una colección de lo esencial dentro de las  mejores manifestaciones del Cono Sur,  llevadas al rango del concierto clásico, con  piezas inolvidable (algunas de Gardel), como “Por una Cabeza”, “Volver”, “El día que me Quieras”, el famoso y romántico “Celos”, y “La comparsita”, hasta el número total de 17.

 

Finalmente, sobresale la música de compositores de Cuba y Estados Unidos de esta época, concebida dentro de hermosos estilos  y maestría en la estructuración musical, especialmente en la “Variación del Recuerdo”, del cubano Aurelio De La Vega, que lo define en esta obra como alguien que, habiendo cultivado con creces el mensaje abstracto, es un hombre capaz de manejar con melancolía romántica la tristeza y la alegría a la vez, con pasión y un excelente contenido melódico.

Tangos-y-Aurelio-de-la-Vega-con-americanos.jpg

 

Con el doctor De La Vega, también se lucen en esta grabación Harold Schiffman, en su “Concierto para flauta y Orquesta de Cuerdas”; Jose Lezcano, en su “Concierto para guitarra”; Allan Crossman, en su singular pieza Flyer, y Mary Jeanne Van Appledorn, en Soundscapes. Todas ellas, como dije antes, aportan a la música clásica de nuestros días, capítulos de excelencia por su calidad y buen gusto.

 

Recordando el  genio musical de David Brubeck, más allá del jazz

 

Por Luis Felipe Marsáns

  Conocí  a David Brubeck a través de su disco de jazz "Time Out", de larga duración, que se convirtió en un clásico del género, editado a principios de la década de 1960, donde él tocaba el piano espectacularmente, acompañado por su cuarteto de entonces, y del que todavía es su  famoso Blue Rondó a la Turka.

  Convertido en una leyenda del jazz norteamericano, lo seguí en otras grabaciones de igual valor, hasta que tuve la gran suerte de verlo tocar en vivo con su grupo, en un concierto ofrecido en Boca Ratón –durante los años del 90--, hasta donde me llevó mi hijo, quien a la sazón tenía su propio  conjunto de música moderna.

 

En esa ocasión, realmente pude ver y escuchar la extraordinaria musicalidad y dominio técnico de este hombre improvisando sobre el teclado, y ejecutando la música  autóctona de este  país. Pero además, quedé maravillado de cómo los instrumentistas que lo acompañaban, eran de buenos, al extremo de que el que tocaba la batería, y particularmente el bombo, en una de las piezas ejercía el golpe de tal manera, que parecía, con un solo pie,  un redoblante con sonido grave.

 

Así se lo comenté al mismo  Brubeck cuando, de forma fortuita, me lo encontré en el aeropuerto de Washington, varios años después. Ese día me dijo, con virtual alegría, que iba a venir a Miami a participar de un concierto con "Marchito", uno de los célebres músicos cubanos dedicados al jazz norteamericano --con una contribución importante--, al que, por  cierto, no pude asistir, con lo que me quedé privado de verlo más, pues él murió poco después, en Nueva York.

 

Pero  Brubeck, quien ahora debe estar acercándose a los noventa   años de edad, ha continuado ascendentemente su carrera, no sólo como intérprete del jazz, sino también añadiendo a su repertorio, composiciones de obras superiores –que inició hace décadas--, en las que mezcla los principios del jazz con  temas clásicos y religiosos, haciendo una fusión de ideas, lo mismo en un campo que en el otro, con solistas vocales y grupo corales.

 

La primera grabación que pude obtener de éstas fue --en dos discos de larga duración, cuando aún no existían los compactos--  "The Light in the Wilderness", que en español sería algo así como "La luz aparece en el desierto". Aquí, el compositor  crea lo que se dio en llamar  "Un Oratorio  para Hoy", obra de grandes proporciones, en cuya interpretación intervinieron la "Sinfónica de Cincinnati", bajo la batuda de Erich Kunzel, con el mismo Brubeck al piano, y la  voz solista del barítono William Justus; además del órgano de  Gerre Hancock, y los "Cantores A Capella" de la Universidad de Miami, dirigidos por George Barron.

 

La compañía disquera "Naxos" lanzó, no hace mucho, en una   grabación digital, la creación de Brubeck de 1969,  "La puerta de  la  Justicia",  concebida dentro de una original combinación de géneros, empleando a su Trío, dentro de una coral y una Banda de Jazz, además de un cantor  de las Escrituras Judáicas  (Alberto Mizrahi); y un barítono afroamericano (Kevin Deas) que entona  textos espirituales de Martin Luther King Jr., a amanera de mensaje unificador, y de la mezcla  de los ritmos del jazz y los cantos de esa religión, que representan, a la vez, un importante intercambio cultural.

 

El disco compacto, que forma parte de la serie "American Classiccs", de la citada compañía disquera, tiene el número de catálogo 8.559414, y mantiene de principio a fin una gran sonoridad, lo mismo en lo  instrumental que en las   voces solistas y  corales, procedentes de la  Sociedad Coral de Baltimore, dirigida por Rusell Gloyd y Tom Hall.

 

Pero lo que me parece más importante de destacar cuando hablamos de David Brubeck es su talento y amor extraordinarios para la música, y su constante dedicación a la fusión de géneros distantes entre sí, empinándose hacia un neoclasicismo religiosos poco común, sin dejar a un lado su grandeza expresiva y el virtuosismo instrumental interpretativo del jazz   norteamericano de calibre, que emerge desde sus  manos sobre el teclado de una manera única,   que al mismo tiempo, él le transmite a los acompañantes, miembros de su grupo.

                      CARATULA DEL DISCO EN CUESTION

          

 
     

  Compositores que sobresalen siempre en ediciones de CD's

  Entre las ediciones que han sobresaido en los último años de la casa “Naxos”, sobresalen la Sinfonía No. 4 de Johannes Brahms (8.570233), que completóel ciclo completo del autor alemán, interpretadas por la Orquesta Filarmónica de Londres, bajo la batuta de Marin Alsop. La realización agrupa, además, las Danzas Húngaras números 2 y de la 4 a la 9 del mismo compositor, que sobresalió igualmente cultivando ese género.

  Por otra parte, La Sinfonía No. 1 del mismo Brahms –que forma parte del ciclo mencionado--, aparece en la etiqueta  “Pentaton Classics”( PTC 5186 307), igualmente distribuida por “Naxos”, junto a las encantadoras Variaciones Sobre un Tema de Haydn, esta vez ejecutadas por la Sinfónica de Pittsburg,  al frente del director Marek Janowski.

  La grabación  a que me refiero pertenece a una nueva generación de discos compactos llamada Super Audio CD, que logra un sonido mucho más rico si se toca en un reproductor de DVD, aunque solamente trae sonido, sin que haya ninguna imagen incorporada. O sea que se trata de un sonido repartido en muchos canales, por lo que la separación de los instrumentos es más evidente. Valga aclarar, sin embargo, que en un reproductor de CD normal, la calidad no merma en lo absoluto.

  De la misma serie, y tal vez como una continuación del compromiso artístico de la compañía con la violinista Julia Fischer (de cuya grabación  del Concierto de Tchaikovsky ya escribimos hace unos meses), aparece  ahora una sensible y lograda ejecución de los conciertos números 3 y 4 de Mozart (PTC5186 064),  acompañada por la Orquesta de Cámara de Netherland (Países Bajos), conducida por el maestro Yakov Kreizberg.

 

 Un album de particular interés, entre los últimos lanzados por la firma disquera “Naxos” es el  dedicado al 125 Aniversario de Stravinsky (8.557508), y que contiene, interpretado por la “Filarmonia Orchestra”, bajo el comando de Robert Craft,  la música del ballet “La Consagración de la Primavera”, la Sinfonía Para Instrumentos de Viento; y su Violín Concerto, de 1931, tocado por Jennifer Frautschi en la parte solista.

 

De igual forma, “Fancy Free”, el ballet completo de Leonard Brnstein; junto a otra de sus composiciones de este tipo –Dybbuk—aparecen ambos en sus versiones completas, en el volumen de la serie “American Classics” (8.559280), tocados por la Sinfónica de Nashville –que suena cautivadoramente--, bajo la dirección de Andrew Mogrelia, junto al bajo cantantes, Mark Risinger; y el barítono Mel Risinger.

 

La Serie “American Classic”, de Naxos, se nutre también con música de Phillip Glass (Heroes Symphony y The Light), en el volumen 8.559325; y en el compacto 8.559314, que contiene las grabaciones de las “Canciones Americanas de Amor”, de Arlen y Gershwin,  entonadas por la encantadora, versatil, y linda voz de la soprano Carole Farley, acompañada al piano por John Constable, y que incluye, además, la premiere mundial de obras vocales de Kurt Weill.

 

A esta serie de Clásicos Americanos se unen realizaciones de los compositores Charles Ives (Variaciones sobre América), 8.570559; Howard Hanson (Merry Mount), 8.666012-13; y, de Joan Tower, “Made in America”  (Hecho en América), Tambor y “Concierto para Orquesta”, todas interpretadas explosivamente en el volumen 8.559328, por la Sinfónica de Nashville, dirigida por Leonard Slatkin. La obra, en general, guarda igualmente un delicioso carácter melódico.

 

 Pero un compacto de “Naxos” que merece la atención especial del diletante es el que acaba de lanzar, titulado “Wagner: Síntesis Sinfónicas de Stokowski”. Esto, claro, no debe confundirse con la sinfonía que escribió el compositor en vida, sino a unos arreglos que dejó el  gran director de orquesta (y compositor también) sintetizando obras del autor de “El Anillo de los Nibelungos”.

 

Ejecutados todos por la “Bournemouth Symphony Orchestra”, bajo la batuta del maestro José Serebrier –discípulo y protegido de Stokowski--, la concepción discográfica está integrada por seis grupos de transcripciones de Ricardo Wagner, a saber, la escena de la entrada de los Dioses, del Anillo; el Preludio de muerte de amor de Tristan e Isolda; el Acto Tercero de Parcifall, en una síntesis sinfónica; la Música Las Valkirias y otros preludios del gran genio alemán.

 

Realmente, nunca escuché el disco, pues pracababa de salir cuando escribí estas líneas; pero me anticipé sin temor  a recomendar su estudio, porque en él se reúnen varios elementos que no pueden pasarse por alto. Primero, la música incomparable de Ricardo Walger, luego el talento indiscutible de Stokowski para las transcripciones --según hemos comprobado en las que hizo de Juan Sebastián Bach--; y luego, como lo ha demostrado en grabaciones anteriores, la gran capacidad para dirigir la sinfónica del maestro Serebrier, además compositor de talento, quien comenzó su carrera en el pódium junto al mismo Stokowski. La Segunda Sinfonía de Serebrier, por cierto,  está también entre las últimas realizaciones en discos  compactos de “Naxos”.

  En este caso,  la ejecución es tremendamente dramática, lo mismo en las secciones orquestales –que resuenan con pasión y  claridad sonora —que en el  acoplamiento de voces que emergen con plenitud y claridad sonora, tanto como de un lado como del otro, con especial énfasis en “Fortuna, la Emperatriz del Mundo”, que abre y  cierra la composición, de una hora de extensión.

 El perfeccionamiento del sonido digital para la música clásica ha logrado que en cada  nueva grabación de las piezas más importantes de la música clásica puedan llevar a las salas de los hogares la misma perfección sonora de la sala de concierto en vivo –salvadas las diferencias—logrando que los amantes de este arte incomparable y sublime llegue a quienes  han nacido con esta suprema sensibilidad para la música culta, y sin los recursos para asistir al teatro, y esta Carmina Burana es la mejor  prueba de ello.

  Marin Alsop, una de las directoras mujer más sobresaliente de nuestros días –como lo ha demostrado en sus actuaciones en Miami--, logra en esta grabación una excelente y grandiosa versión de la obra de Carl Orff conduciendo con gran maestría  cada unos de sus 25 capítulos –al frente de la “Orquesta Sinfónica de Bournemouth”; pero es igualmente excepcional la captación digital de los instrumentos y las distintas tesituras de las voces solistas, así como del coro.

  Nacido en 1895 en Alemania, Carl Orff es un producto de la Academia de Música  del su mismo lugar de nacimiento, donde desarrolló su carrera como músico y compositor, y director de orquesta brevemente interrumpida por la Primera Guerra Mundial. A lo largo de los años, su producción fue vasta y notable, pero probablemente lo que más haya trascendido es este oratorio (Carmina Burana),  donde  a despecho de la música religiosa, lo que aparecen son textos combinados con danzas escénicas muy rítmicas, empleando también elementos corales y coreográficos, que arrancan de textos latinos alemanes, donde las voces de los solistas juegan un papel extraordinario. (Merecen que sean mencionados, además de la  directora y la orquesta que ya cité, los solistas,  soprano Claire Rutter;  tenor  Tom Randle y el barítono Markus Fische, y el Coro Juvenil de Highcliffe).

 

   

   "Griselda", la ópera de Vivaldi en CD's

Por Luis Felipe Marsáns

  “Griselda”, ópera escrita por Antonio Vivaldi en 1735  –conceptuada  como un drama musical en tres actos--, es objeto de su primera grabación en discos compactos, más de 300 años después de su creación, en la etiqueta “Naive”, que distribuye en Estados Unidos y Canadá la compañía disquera norteamericana Naxos.

  Interpretada por un elenco de magníficas voces, con el acompañamiento del “Ensamble Matheus”, dirigido por Jean-Christopher Spinosi, la obra está llena del glorioso sonido barroco, con libreto de Apostolo Zeno (revisado por Carlo Goldoni), y entonado con toda pureza en el canto y el recitativos de la época.

 

 

De excelente timbre y pureza en la entonación y la variación de matices, los artistas participantes hacen alarde de  calidad en cada uno de sus papales, sobre todo la contralto Marie-Nicole Lemieux, en el role de Griselda. No menos importante aparece en la trama la soprano Verónica Cangeni, como Constanza; Simone Kermes –tambien soprano--, encarnando a Ottone; el contratenor Phillippe Jarouskky Stefano, como Roberto; el tenor Stefano Ferrari, interpretando a Gualtiero y el contratenor Lestyn Davies, como   Corrado.

 

Por su parte, la orquesta realiza un  trabajo convincente, particularmente por la brillantez que caracteriza a los violines en  el periodo Barroco, y los eventuales momentos rítmicos de la composición, sin contar la sincronizada participación del clave.

 

En un álbum de tres discos (OP30419) y el libreto completo, con traducción al inglés y al francés, “Griselda”, de Vivaldi, en esta grabación, es una verdadera joya musical de la antigüedad, que ningún coleccionista de esta  música debe pasar alto, por su valor didáctico y una belleza sonora que nos  transporta a lo celestial.

 

Saltando de un extremo a otro, queremos consignar una magnífica realización  en el sello “Naxos”, dentro de  su serie “American Classics”, en la que la violinista  Chole Hanslip, acompañada por la “Royal Philharmonic Orchestra”, bajo la batuta de Leonard Slatkin, interpreta de forma convincente el Concierto para Violín y Orquesta de Jun Adams y la “Chacona para Violín Rojo”, de John Adams, (8.559302).

 

En la continuación de la serie “American Classics”, de Naxo, el Maestro José Serebrier interpreta  el “Concierto de Flauta de Ned Rodem, al frente de la “Royal Philharmonic de Liverpool”, estando como solistas Jeffrey Khaner, en la flauta, y Phillipe Quint, en el violín. (8.559278).

 

Serebrier, quien fuera asistente de Leopoldo Stokowsky, sobresale también en una nueva grabación de Naxos, contentiva de “Transcripciones de Bach”, entre las que figuran el “Aire  de su Suite Orquestal No. 3”, “Dos melodías  litúrgicas de la antigüedad”, “Passacaglia y Fuga en Do menor”, la “Coral de la Cantanta de la Pascua Florida”, la “Pequeña Fuga, en Sol Menor”  y otras siete composiciones de este tipo. (8.557883).

 

La Serie de Clásicos Americanos se enriquece más aún con el CD 8.559240, que recoge numerosas partituras de Aaron Copland, como son las “Cuatro Danzas Episodios de Rodeo” y la Suite de la Película “The Red Pony”, de 1948, interpretadas por la “Orquesta Sinfónica de Búfalo”, dirigida por JoAnn Falletta. Completan el disco “Prairie Journal” y “Letter from Home”.

 

Concluyendo los nuevos lanzamiento de discos compactos digitales de Naxos, en la Serie de Clásicos Americanos, el volumen 8.559188 aparece con  música de cámara de John Harbison, cantada por la soprano Lorraine Hunt Lieberson y la mezo-soprano Emily Lodine, junto a la Orquesta de Cámara de Chicago; así como el volumen 8.559178, que contiene los Cuartetos de Cuerdas No. 1 y No. 2 de Charles Ives, interpretados por el “Blair String Quartet”.

 

  Para terminar este recuento de  realizaciones digitales de Naxos, nada podía ser más interesante para el público hispanoamericano  del pais que el compacto  “Soprano, Canciones y Arias”, interpretado por la soprano lírica de extensa trayectoria  y talento, Ana María Martínez, cantando con la “Orquesta Filarmónica de Praga” arias de óperas y zarzuelas, así como canciones de corte lírico.

 

Bajo la dirección de  Steren Mercurio, la diva le concede un formidable tratamiento a  Les Files de Cádiz, de Delibes;  Je veux vivre, de Gounod (Romeo y Julieta); O mio babbino Caro, de Gianni Schicchi, de Puccini; El Nino Judio (De Espana Vengo), de Pablo Luna; Un bel di vedremo, de Madama Butteefly, de Puccini, y, entre otras, la parte cantada de la Bacchianas Brasileiras No. 5, con ocho violonchelos. Recomiendo  esta grabación (8.557827-Naxos) por la calidad expresiva, entonación y timbre de voz de esta joven artista del bel canto.