Marsans.jpg ARTE, MUSICA Y CULTURA, POR LUIS FELIPE MARSANS

              SINFONIA

 Conocer cómo suenan los instrumentos de la orquesta es vital para entender una obra sinfónica
Por Luis Felipe Marsáns
 

Desde hace muchos años ha habido ediciones de discos destinadas a darles a conocer a los aficionados y estudiosos de  la música clásica, cuáles son los instrumentos que integran una orquesta sinfónica, con ejemplos del sonido de cada uno de ellos en  las distintas épocas en que fueron creados;  y cómo  la familia de voces instrumentales del concierto fue agrandándose,  debido a partituras que exigían nuevas aportaciones correspondientes a las composiciones, hasta llegar   los instrumentos electrónicos, de los que fueron principales  exponentes ---particularmente en la música popular--, el llamado sintetizador y la guitarra eléctrica.

 

Sin embargo, el  proyecto más ambicioso que he conocido en este sentido, comprendido por siete discos compactos y un libro explicativo --"Los Instrumentos de la Orquesta"--, con una duración aproximada de ocho horas, es el de la compañía Naxos (8.5580-40-46), que comienza con el violín, desde la época de los compositores del Barroco, y va avanzando a través de los siglos, hasta llegar a nuestros días, en que las orquestas han llegado a ser tan gigantescas, que sobrepasan el número de 100 músicos para poder  responder a partituras como son las de Ricardo Strauss, Gustavo Mahler y  Anton Brukner, por citar algunos.

 

Obra del musicólogo Jeremy Siepmann, quien además de escribir los textos explicativos, los narra con vasto conocimiento de los cambios históricos  que dan lugar a las  demandas de nuevos instrumentos  --tocados indistintamente con arreglo a cada época--, el volumen   parece ser, hasta donde han llegado mis estudios sobre el particular,  lo más avanzado  para aquel que, no sólo quiera disfrutar de la música, sino en conocer cómo ella ha ido evolucionando  en sus distintas épocas, propiciando  las manifestaciones musicales desde Monteverdi y Vivaldi, hasta los autores del Siglo XX –que dejamos atrás hace poco--, con las obras de Ricardo Strauss, Béla Bartok y otros muchos.

 

Siepmann, por cierto, utiliza en su narración un lenguaje refinado, como cuando, al hablar del violín, como cuerpo fundamental de la orquesta  en cualquier época, lo califica con "la ternura  que  emana de su sonido, desde la antigüedad hasta nuestros días”; igualmente interesante en su comparación del mismo instrumento tocando la música de Stravinsky, "en que se vuelve diabólico".  Y luego se refiere a cómo susurra, al igual que un pájaro, en uno de los cuatro conciertos que conforman "Las Cuatro Estaciones",  de Vivaldi.

 

En los cuatro primeros discos, el profesor  analiza, además  del violín por sí sólo, como éste se relacionan  con las cuerdas de registro más bajo, la madera y los metales, hablando elocuentemente. Entre los ejemplos musicales que aporta, se refiere igualmente a la importancia de la trompeta, cuando, dice en esta bonita imagen: “cuando ella habla, atrae la atención del oyente, con respeto y jerarquía, particularmente si se junta  a los instrumentos de percusión, como ocurre en la <Fanfarria para un hombre común>, de Aaron Copland”.

 

Los otros tres volúmenes están destinados a la familia de instrumentos de percusión y a la orquesta sinfónica en general, explicando como todos ellos se relacionan entre sí. Verdaderamente, esta realización aporta a la pedagogía musical y al desarrollo cultural de todos, en términos de música culta, un elemento de incalculables proporciones, que, aún más allá del disfrute musical, orientará en el futuro a todo el  interesado en conocer la génesis de la música de concierto y sus transformaciones históricas hasta llegar a nuestros días; y de aprender, al mismo tiempo, detalles excepcionales de la creación musical, tanto desde el punto de vista de la armonía como de la importancia artística.