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Al
concluir mi mandato presidencial como Decano del Colegio Nacional de Periodistas
Cubanoamericanos
Por
Luis Felipe Marsáns
Mi mandato presidencial como Decano del “Colegio de
Periodistas de Cuba en el Exilio” concluyó técnicamente el sábado, 26
de mayo, después de 10 años consecutivos de ocupar el cargo, pero no fue
hasta el 30 de junio, cuando se conocieron los resultados de las
elecciones generales del 2007 –primera en una década en que no aparecía como
candidato--, que entregué el cargo al elegido,
Vicente P. Rodríguez, con sus correspondientes candidaturas a la Junta de
Gobierno.
“Fui electo por primera vez el último sábado de mayo de 1997, y, a excepción
de cuando murió el Secretario Ejecutivo, Willy del Pino, en que la coincidente
elección se pospuso hasta el mes de Junio en honor a su memoria, siempre he
asumido, en las otras elecciones, el último sábado de mayo, como lo estipula
el Reglamento vigente de esta institución”.
“En
esta elección del 2007, donde por razones organizativas y fuera de lo común
--al no poder ponerse de acuerdo a los aspirantes a Decano en una sola
candidatura--, ha habido que extender también un mes la fecha de los comicios,
por lo que entregué el Decanato al ganador, el 30 de junio, cuando
los comicios concluyeron”.
“Sin embargo, los miembros de la Junta de Gobierno que presidía, seguimos
gobernando –yo como Decano, y el resto en sus respectivas posiciones— hasta
que la nueva Junta de Gobierno elegida en las elecciones, juramentada y en pleno
uso de sus facultades, tomó posesión ese mismo día; pero me pareció
bueno señalar que técnica y jurídicamente,
nuestras funciones concluyeron el día señalado por el reglamento,
exactamente diez años después que juré mi cargo de Decano por primera vez, de
manera también que toda responsabilidad reletiva a cargo, cesaba en mí, sin
que fuera responsable de más nada, hasta que entregara el cargo a quién
la Comisión Rlectoral, presidida por Vilma Planas, diera el nombre del
vencedor”.
Y
es por eso que la elección puso término a una Era de diez años en la
que me desemvolví democráticamente, tomando decisiones importantes y
acogiendo acuerdos de la Junta de Gobierno, con honorabilidad y respeto común
para todos, y, principalmente, sin inmiscuir al Colegio de Periodistas de Cuba
en el Exilio, hoy formado en su mayoría por ciudadamos de EE.UU. por
naturalización, país al que no sólo debemos el mayor agradecimiento, sino
también el más estricto respeto a su leyes, en polémicas y desacuerdos que
nada tenían que ver con nosostros.
Desde
el principio de mi gobierno, me propuse levantar la calidad profesional del
trabajo de los miembros de este Colegio
como tales, añadiéndole a sus
actividades –hasta ese momento concentradas en la cuestión política únicamente--,
otros aspectos, fomentando actividades que hicieran a todos, propios y extraños,
sentirse orgullosos del nivel de los comunicadores exiliados cubanos y su
organismo rector, y creo haberlo logrado con creces, lo cual me llena de orgullo.
Las
diez celebraciones del Día del Periodista que presidí, en magnos actos, a cuya
preparación ayudaron miembros de las diferentes Juntas de Gobierno que he
tenido en todos estos años, han sido modelos de solemnidad, y han servido para
premiar a colegas que vinieron
destacándose a lo largo de esta última
década –como lo hicieron anteriormente también en Cuba--; así como a
instituciones del exilio que sentaron pautas culturales, patrióticas y sociales
en el mismo período, como el Museo Cubano que preside la doctora Ofelia Tabares,
en el ámbito de la cultura y el arte; y periódicos tanto diarios como
tabloides semanales, que regaron entre esta comunidad de Miami, más hispana que
anglosajona a la hora de leer noticias, el acontecer cotidiano, y las noticias más
importantes de todo el mundo, acompañadas por la orientación de sus directores
y columnistas.
Con
el mismo espíritu, emití cada año un discurso o mensaje de orientación y
sobre el estado del Colegio, con informaciones institucionales importantes, y,
sobre todo, sugiriendo la política a seguir para mantener el crecimiento
digno de nuestro organismo, dentro de la justicia, la libertad y el
decoro, pero siempre apartado de conflictos estériles y de divisiones
infecundas.
Para
ello, la creación de nuestra página Web, que debo admitir que no fue una
idea mía solamente, pero que sí aprobé y he venido haciendo, incluyendo, como
ahora, la redacción de sus textos, ha sido el recurso más instrumental que
hemos tenido para la divulgación de nuestras actividades, noticias, artículos
e ideales a través de un lustro, manejada gratuitamente por mi mismo
desde lo que podría catalogarse como el Centro de Computación del Colegio ''mi
propia casa'', con mis equipos propios solamente, ya que el programador,
cobrando una cuota mínima al mes, solamente para hacer la infroestructura.
Y
gracias a eso, tuvimos siempre un órgano de expresión, incluyendo un
interesante material gráfico, que sustituyó idóneamente en el tiempo, la
ausencia de “Papel Periódico” cuando no
se publicaba, hasta que en mis últimos meses en el cargo de Decano, decidí que
se reanudara su publicación, como todos puedieron ver en la edición
extraordinaria de mayo del corriewnte 2007, escrita igualmente y emplanada por
mi mismo, con la ayuda en el montaje de Gajano. Todo ello prendió una
llama de confianza y de orgullo entre nuestros miembros, lo que espero que la
nueva directiva sepa mantener.
Pero
no puede perderse de vista la enorme desintegración que la muerte ha venido
trayendo –y seguirá haciéndolo entre los miembros de más avanzada edad o
enfermos—, pero ese fenómeno no deberá borrarnos, porque con la ayuda de
Dios, seguiremos teniendo nuevos miembros de ascendencia
cubana formados en el exilio que se nos han unido, a partir de un día en
que destaqué ese fenómeno en uno de mis discursos, lo que trajo aquí a un
grupo de nuevos afilados. Y cuando hablamos de aquéllos, recordamos a los caídos,
como fue el caso del doctor Luis Fernández Caubí, fallecido a sólo
unos meses de tomar posesión como Primer Vicedecano de mi primera Junta de
Gobierno--, tendiendo un velo de tristeza y dejando un vacío difícil de llenar,
porque, además, él era abogado revalidado en el Estado de la Florida, y hombre
inteligente y resuelto a cooperar siempre.
De todos estos hechos, es fácil de comprender el por qué,
durante mi segunda administración y con el abrumador respaldo de mi Junta de
Gobierno de entonces, fabricáramos
un panteón de 18 bóvedas, logrando además para ello, conseguir un precio
increíble, que se doblaría en su monto si fuéramos a hacerlo hoy, y que
aseguró un sepelio digno para cuatro compañeros, hasta el día de hoy.
Así continuamos la lucha por
seguir llevando al mundo que todavía vivía equivocado por esa época sobre la
peligrosidad de lo que era el comunismo, y de cómo ese sistema estaba
destruyendo a Cuba cada vez más, por lo que aceptamos una invitación para ir,
y fuimos, a dictar una conferencia en la Universidad Autónoma del Caribe, en
Barranquilla, Colombia, donde pusimos al descubierto las patrañas de Fidel
Castro que eran totalmente ajenas allí, país
concentrado un sus propios y muy graves problemas. *
Irónicamente,
la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, no
fueron suficientes para resolver el caso de Cuba, y aquí estamos todavía
luchando por lograrlo.
En el orden económico, cambiando de tema, valga decir que
si bien hay meses del año en que el tesoro baja, nunca cerramos un año con un
saldo promedio por debajo de los $
12,000 en el tesoro, producto del cobro de cuotas pero principalmente de la
recaudación del banquete anual, de octubre. Y en este año 2007 en que le
entregamos el poder a una nueva Junta de Gobierno, sobrepasamos en un momento
dado los $ 16,000.00, por la labor ingente de todos los miembros de la Junta de
Gobierno en la venta del banquete –muy especialmente de Vilma Planas, Vicente
Rodríguez y Abelardo García Berry.
Sigamos,
pues, como institución periodística, cumpliéndo los ideales de libertad para
Cuba, el bienestar de nuestra patria adoptiva –los Estados Unidos de América—
y de los otros países del mundo que se debaten entre doctinas disimiles, y por
el sagrado derecho a la expresión del pensamiento y del idioma español. Y
especialmente, por el “Colegio Nacional de Periodistas de la República de
Cuba en el Exilio”, al que hemos tenido el privilegio y el honor de servir
todos estos años. Adios.

LUIS FELIPE MARSANS, DECANO DEL C.N.P (1997 AL
2007)
Logros
de un gran periodista cubano: Luis Felipe Marsáns, diarista y
Decano del "Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio"
Por Osvaldo Valdez-Fernández
Cuando
uno va a escribir sobre la
trayectoria profesional de un amigo, es muy difícil ser totalmente imparcial.
La pasión por quien ha sido un amigo de toda la vida, dentro y fuera del
periodismo –en las buenas y en las malas--, destruye en parte la posibilidad
de ser totalmente objetivo, por tratarse de una persona a quien queremos y
respetamos, más allá de la imparcialidad.
Pero en el caso de Luis Felipe Marsáns voy a hacer justo y relatar su
vida, dedicada al periodismo, con total ajuste a su fecunda trayectoria en esta
profesión –tan injusta a veces— que él lleva en la sangre con profundo
amor y dedicación. Vayan, pues algunas palabras y muchos hechos palpables sobre
la vida de este gran periodista y amigo.
Viene al caso mi encuentro con un viejo amigo en una cafetería, a quien no veía
desde hace cerca de 50 años –cuando la barbarie se adueñó de nuestra Cuba y
él se fue a vivir a España--; y mientras que almorzábamos, se produce una
charla que luego se extiende por horas sobre la Escuela de Periodismo Manuel Márquez
Sterling, y nuestros compañeros de estudios allí.
Hablamos
de profesores y de compañeros de aquella época que abarcó dos décadas, hasta
los años cincuenta; y evocamos la memoria de los que se han ido ya, sustraídos
por la muerte, que es inexorable; y de los que aún, como nosotros, quedamos en
la vigencia profesional, aunque medio retirados.
Cuando,
la convesación se adentró en el Colegio de Periodistas, su
vigencia en Cuba y el gran auge de sus actividades en el exilio, evocamos los días
felices de la vieja casona de la Avenida de los Presidentes llegando a Línea.
Y
cuando el tema, lleno de nostalgia, nos lleva a la trayectoria del Colegio en el
Exilio –que cumple 45 años de
fundado--, no pudieron escapar a nuestra memoria los nombres de los profesores,
periodistas y decanos de allá y de aquí, particularmente el de Luis Felipe
Marsáns, quién dejó de serlo hace unos meses en Miami, después de diez años
en el cargo, para cederlo, en junio pasado, a quien fue electo en unas
elecciones en las que él no quiso postularse más.
De
Marsáns, precisamente, me habló mi amigo, el residente en España, con virtual
interés, debido a que “su labor --dijo--se ha comentado en España";
y no encontré palabras suficientes para describir su inmensa trayectoria en el
cargo, no ya por ocupar el cargo de Decano dignamente durante una década, sino
porque gracias a él, los periodistas del exilio tenemos un panteón que se
construyó gracias a su iniciativa; así como que Marsáns, ha representado la
causa de los cubanos exiliados, a través de conferencias internacionales y la
celebración de un gran acto cada año, donde él revisaba todas las
alternativas de la profesión en el exilio y fuera, condenando al comunismo y al
régimen de Fidel Castro a través de editoriales y otros escritos.
Mi amigo de España, quien no pudo evitar la emoción por haber sido compañero
de Marsáns en la Escuela Manuel Márquez Sterling, de donde los dos son
graduados, me dijo que su única pena era no haber podido
compartir sus años de Decano, por haber estado viviendo en España todo
ese tiempo.
“Marsáns
–enfatizó él—ha tenido una gran trayectoria desde los tiempos de las
Revistas "Indice" y "Critica", de La Habana, donde fue
subdirector y Jefe de Información respectivamente; pero muy en especial cuando
fue redactor de los noticieros de C.M.Q. Radio y Televisión, así como de Radio
Reloj”, precisó.
Pero
yo le agregué que, aparte de su labor como Decano del Colegio, y de los más de
30 años en que ocupó diversos cargos de la Junta de Gobierno del CNP, Marsáns
se destacó mucho en la RHC de
Miami; en el desaparecido periódico "Miami Extra", en la Revista
"Orígenes", y posteriormente, en el "Diario las Américas",
donde trabajó hasta retirarse, después de 30 años de trabajo profesional,
cubriendo las áreas de los reportajes especiales –como fueron los del Exodo
del Mariel, las entrevistas a celebridades de la política nacional,
internacional y local; los grandes artistas de todo el mundo, y la critica y
difusión de los conciertos de música
clásica, en su leída columna “Arte, Música y Cultura” --que aún sigue
editándose en el campo cibernético--, por lo que obtuvo un Diploma de Honor
del Departamento de Música y Cultura de la O.E.A.
Por
todo ello, mi amigo y yo coincidimos en la gran calidad humana y profesional de
Luis Felipe Marsáns, un amigo fiel y un profesional de primer órden, que hoy,
jubilado del Diario Las Amétricas, mantiene sus escritos diarios en el
Internet, por su amor a la profesión y su lealtad al periodismo, carrera que
escogió y estudió, pero aún más, que ejerció y sigue ejerciendo junto a
compañeros como yo, que hemos compartido ya a lo largo de los años, varias
redacciones de la prensa escrita, radial, y televisada.
Felicidades, amigo!
Nota de Redacción:
Osvaldo Valdés-Fernández ha sido uno de los periodistas más prominentes de la
radiodifusión cubana, tanto en la República, en las emisoras de la
empresa de C.M.Q., de los hermanos Mestre;
como en el Exilio, donde ha trabajado como redactor y Jefe de Redacción
de los principales noticieros, desde los años de la década del 1960, hasta que
se jubiló hace unos años. También ha escrito en diversos periódicos.
Osvaldito, como lo llaman sus amigos, es, además, hijo de Osvaldo Valdés de la
Paz, nombre cimero del periodismo cubano de la República.

El periodista cubanoamericano Luis
Felipe Marsáns (izquierda), residente de Miami desde 1962, es condecorado con
el titulo de Decano Advitam, al recibir una placa que le entrega el
nuevo Decano del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, Vicente
P. Rodríguez, quien ocupa ahora el cargo, desde junio del 2007. Marsáns
fue Decano de los periodistas cubanos del exilio durante diez años, al ganar
cinco elecciones consecutivas; y trabajó profesionalmente a lo largo de 30
años en el Diario Las Américas de Miami, así como anteriormente en otros
medios de comunicación, en la prensa escrita, la radio y la televisión
de Miami y de su nativa Cuba.
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