
Recordando
a Tony López, Gran escultor y Amigo
Por Luis Felipe Marsáns
El escultor Juan Antonio López, que alcanzó en vida el nivel más
alto a que ha podido llegar un artista cubano --entre otros que
brillaron en las artes plásticas de la Isla--,
nació en 1918, dentro de un ambiente propicio para su
desarrollo, particularmente por haber sido hijo de Joaquín López,
profesor de escultura de
la
Escuela Técnica, de Rancho Boyeros, que originalmente
vino de su nativa España para hacer el impresionante
Cristo que decora la entrada de la Iglesia del Sagrado
Corazón de Jesús, en la Calle Reina, de La habana.
  
TONY LOPEZ EN
1985 CRISTO
YACENTE DE "LITTLE FLOWER CHURCH" ESTATUA DE
JOSE MARTI
Tony, como todos lo
llamaban afectuosamente, se convirtió en el alumno preferido de
su padre desde que era un niño –según me explicó él mismo en
una de las muchas entrevistas que le hice para el periódico Diario Las Américas, de Miami--; y cuando tuvo la edad
requerida, estudió formalmente en el citado plantel, bajo la
supervisión paterna. Residente la ciudad de Miami, desde 1958,
hasta su fallecimiento en agosto del 2011, a la edad de 93 años,
Tony López dejó durante sus largos años de existencia una larga
estela de recuerdos a través de sus obras,
en lo que todos califican como una excelente carrera, además
de por su hombría de bien y sus cualidades personales.
En 1936, Tony López fue nombrado Profesor
Asistente de Escultura de la misma
Escuela Técnica donde primero fuera discípulo de su
padre, Joaquín, quien ejerció una gran influencia en él, como
inspiración y modelo de lo que debía ser un verdadero
escultor.Con un talento para el arte escultórico que estaba en
sus venas --ya que su abuelo había sido también un artistas
consagrado--, Tony López trabajó junto a su padre todo el tiempo
que pudo, pero cuando él contaba solamente 18 años, aquél
falleció, dejándole un importante legado en la misión de
continuar su obra.
El amor por la escultura
estaba ya tan arraigado en Tony López, que cuando amigos de la
familia vinieron a ofrecerle una posición en el Servicio Civil,
él refutó la oferta diciéndoles que "yo
soy un escultor y seguiré esculpiendo"... Y así lo hizo,
sin descansar, “superándose cada día más”, como era
costumbre oírle decir.
 
A LA IZQUIERDA, LAS FAMOSAS CARICATURAS DE
TONY.
AQUI, TERMINANDO EL MONUMENTO A CUBA
Pero su vida habría de cambiar por circunstancias que nada
tuvieron que ver con el arte. En 1958, Tony asumió una posición
de tan fuerte rechazo a la dictadura de Fulgencio Batista (tal
como luego lo hizo con la revolución de Castro), que el gobierno
le dio solamente 48 horas para que abandonara el país, lanzándolo
a un exilio en Miami
que no terminó nunca, según me contó en la misma
entrevista.
Desde entonces, su estudio de la Calle 36 y la Segunda Avenida del
noroeste fue el lugar propicio para su trabajo --de donde han salieron numerosas obras de
importancia--, y un
sitio común para encontrarse
a otros artistas y amigos que iban a visitarlo; y a personas de
todos los niveles, que encontraron allí el placer de
verlo trabajar, y compartir su ambiente de calor humano y
de música clásica.
Su trabajo a lo largo de varias décadas fue extraordinario, lo
mismo en el orden cualitativo que cuantitativo. Bustos de
personajes de la historia y de la vida pública, en Miami y otros
países, nacieron allí –incluyendo uno mío--, al calor de sus
manos y su talento incomparable para el retrato; y hasta una
escultura tamaño natural del que fura
Papa de la Iglesaia Católica Romana, Juan Pablo Segundo,
cobró vida en su lugar de trabajo, en obra comisionada por una
institución extranjera.
También hizo Tony, esculturas abstractas por doquier. Y figuras
de libertadores de América Latina, el Caribe y Estados Unidos han
sido centro de su trabajo y
de la admiración del público visitante a sus exposiciones; pero
entre todas ellas, su colección
de caricaturas --que es famosa
desde su trayectoria artística en Cuba republicana--, constituyó
un atractivo particular de
unos y otros, por su facilidad de llevar a la pieza, en el tono de
la broma, los gestos,
características físicas y movimiento del personaje en cuestión.
Tony López hizo también durante su carrera artística,
piezas para coleccionistas, y
obras de encargo, como fueron su limitada serie de
La manzana prohibida y sus dos versiones del Cristo yacente, el
primero de los cuales está en la Catedral de Santa María, de
Miami; y el otro, en
la Iglesia de Little Flower,
de Coral Gables.
 
A la izquierda, el escultor Tony López
trabaja en la escultura gigante el Apóostol cubano José Martí,
con la ayuda de su esposa (también fallecida) Esperanza (vease en
el ángulo superior derecho de la foto, la maqueta de Claude
Pepper); y a la derecha la foto del monumento al Papa Juan Pablo
Segundo, que según me dijo entonces, estaría ubicado en Angola,
por la decisión de quienes se lo comisionaron.
Por otra parte, las esculturas de Tony López son vistas en las
ciudades más importantes de Estados Unidos y Europa, destacándose
Nueva York, Washington D.C. y Miami, siempre con una calidad
excepcional, en cualquier medio escogido, sea madera, bronce, fibra de
cristal o mármol, en una variedad de temas, que pueden ser lo
mismo el amor, que el retrato o lo abstracto.
En Miami, donde Tony López vivió siempre
después que salió de Cuba, sus obras
pueden ser apreciadas en muchos lugares. Fundamentalmente
--por su trascendencia histórica y dimensiones--, en el Monumento
al Holocausto, un
complejo de esculturas, ubicado en
Miami Beach, que fue fundido en México, según me dijo,
porque la labor artesanal era más económica.
De proporciones monumentales también, la estatua del fallecido
Representante a la Cámara de Estados Unidos por la Florida,
Claude Pepper, ocupó enseguida un sitial privilegiado, sobre una
alta base de mármol, en el Parque José Martí, de la "Pequeña Habana".
Igualmente, sobresalen entre sus realizaciones la
Antorcha
de la Amistad, en el Parque de Biscayne; y la escultura
del Lugarteniente
General del Ejército Libertado de Cuba, Antonio Maceo y Grajales.
Otras esculturas de gran impacto, por su parecido y carácter, son
las de Andrew Jackson, que está en la Escuela Superior que lleva
su nombre; el Monumento a la Isla de Cuba, situado en la Calle de
Flagler y la Avenida 17, de Miami --en la que emergen de sus seis
provincias originales, las efigies de los libertadores de la etapa
colonial--; la comisionada Escultura del Museo de la Policía, que
retrata a un oficial del orden
público con sus brazos tendidos sobre los hombros de una
niña y un niño, en señal de protección; y una gran tarja de
bronce, en alto relieve, sobre piedra, del compositor cubano
Ernesto Lecuona, a la entrada del
Dade County
Auditorium.
Adicionalmente, Tony López esculpió una estatua del Apóstol
cubano, José Martí
y Pérez, de 15 pies de altura, para una céntrica calle de Nuevo
Orleans; la escultura de Mr. Boden, que fuera Gobernador de Grand
Cayman --que pude verla montada en su base permanente del archipiélago
caribeño--; y varios
bustos de José Martí, situados en distintos lugares públicos.
Juan Antonio López (Tony) falleció
el 28 de agosto del 2011, en una institución para el
cuidado de la salud de Miami; y, luego de cremarlo por decisión
familiar, sus cenizas, fueron sepultadas en el Cementerio Miami Memorial Flagler, en un acto al que asistieron sus hijos y
otros familiares, así como muchos de sus amigos.
 
La pieza de la izquierda, que fue
esculpida por Tony López, en 1980, corresponde al periodista Luis
Felipe Marsáns; y en el cuadro de la derecha, dibujado por el
talentoso artista Angel Martí, aparece Tony López junto a su
anteriormente fallecida esposa, Esperanza.
Valga agregar que “Tony” fue uno de mis mejores amigos, por el
que siempre tuvimos, mi familia y yo, un gran afecto personal y
una extraordinaria admiración, no sólo como artista, sino por su
hombría de bien y lealtad personal, que se renovaba cada año en
reuniones frecuentes, especialmente en las cenas de Nochebuena, a
las que él era el invitado permanente.
Luis Felipe Marsáns © 12–1-2011
Juan
Lopetegui: el
artista que
no deja de crear ni de innovar
En sus últimas exposiciones,
sus cuadros han seguido atrayendo a todo el mundo que admira
su obra
Por Luis
Felipe Marsáns
La
obra de Juan Lopetegui no es cosa de juego. El artista --un
cubanoamericano que vive en Nueva York desde hace varias décadas--
es uno de los pintores más versátiles que cualquiera pudiera
imaginarse. Tanto es así,
que algunos ajenos a su trayectoria, que han visto sus recientes
exposiciones, creen estar en presencia de una colectiva, hasta que
se dan cuenta que la diversidad de temas corresponde a un solo
creador de muchas maneras de ver la vida y expresar sus
experiencias.
Pero
más asombroso es todavía poder observar como Lopetegui, no sólo
varía la temática, sino también la técnica de su pintura,
yendo desde los más académico --con especial énfasis en el
retrato--, hacia nuevos medios de expresión, que él ha ido
descubriendo y desarrollando durante el transcurso de los años,
dedicado a su trabajo con admirable disciplina. Una disciplina que
no le permite abandonar los pinceles --o las espátulas--, ni
siquiera cuando está de vacaciones.
Retrato al
óleo de la señora Concepción Marsáns, pintado por Lopetegui en
1987.
"La
vacación que uno se toma viajando fuera del ambiente que le rodea
comúnmente, es algo que enriquece
el espíritu y lo transporta
a lugares diferentes, pero,
precisamente, ese cambio de perspectiva me ofrece la oportunidad
de llevar al lienzo los paisajes, figuras y situaciones nuevas,
con toda la emoción en que vienen envueltas, destacando su
mensaje humano y su colorido", me comentó Lopetegui, durante
una entrevista.
Juan
Lopetegui volvió a
su residencia de Manhattan --donde lo esperaban otros públicos--,
pocos días después de haber inaugurado una exposición en
Miami; pero
la muestra quedó a la disposición de los amantes del arte de
todos los alrededores, que pudieron apreciarla, hasta el
último día en que estuvo abierta.
En
una colección de cuadros que son de primera calidad --por su
esmerada terminación y sutileza
en
el mensaje--, Lopetegui ha encantado siempre, por su facilidad para
entregarse lo mismo a un tema que a otro, al óleo que al pastel;
al dibujo en monocromía, o al acrílico que realiza en la
plenitud del colorido ardiente de
sus manifestaciones propias, como es la que él mismo le
llama "del puntillismo", tal vez --diría yo-- como un
estilo que surge de las reminiscencias del impresionismo francés,
actualizado en sus manos.
Y
a tono con el tradicional Pass
Over, el artista incluyó en su colección, "Shabbath",
una meditación de contenido judaico, que es rica en su
expresividad y en la técnica de su textura.
Sin
embargo, el tema de los niños, es una de las mejores facetas
del trabajo de Lopetegui, representado en diferentes cuadros, cada
uno de ellos, llenos de ternura y belleza en los rostros, como
en "Playing Chess"; y en "Muchacha con sus cuatro hermanos", en que prima la inocencia.
Pero
todavía hay algo más especial en "Niños
con el perro", donde él dibuja la expresión de viveza del
muchacho respecto al movimiento de su cachorro; y en
"Limonada,
cuando un grupo de infantes tratan de llenar un contenedor,
pendiente cada uno de ellos de que no fuera a derramar el refresco
de su contenido, con expresiones muy bien logradas, que van desde
la sorpresa hasta la preocupación.
Después,
en "Alone" (Solitario), el pintor se las arregla para
presentar un personaje de expresión profunda, que puede
identificarse fácilmente con la abstracción,
o el miedo a lo desconocido.
Las
flores son motivo de diferentes cuadros del pintor, casi siempre
en óleo, con énfasis en el colorido y la frescura de la
naturaleza misma; y sus trabajos más modernos, en el estilo Art
Deco, gozan de igual impacto para quienes siguen fieles al
movimiento pictórico estadounidense de los años 20. Eso, sin
quitarle mérito a sus flamboyanes y otros paisajes, que
representan siempre un ángulo clásico de la carrera del pintor.
También
hay en las exposiciones de Juanito Lopetegui,
muchos otros
cuadros concebidos en la técnica de líneas, que le dio un
viraje refrescante a su carrera hace más de diez años, y
que desde entonces ha seguido siendo una de las preferidas del público
neoyorquino (recuérdese el retrato del fallecido primer bailarín
Fernando Bujones), tanto en
la figura humana, como en el paisaje; y otros en su más reciente
invención, elaborada sobre cuadritos pequeños, con óleo sobre
tela, en la que su mismo autorretrato representa una convincente muestra.
De
otro lado, las exposiciones a que me refiero no carecen tampoco
del tema deportivo, que establece un puente entre distintas
disciplinas de la cultural física --como son el Polo, Tennis
y el Hokey, por citar tres-- y las bellas artes, tratadas
aquí en la técnica lineal,
a veces en monocromías
y otras en plenitud de colores.
Aquí,
el artista muestra su nueva
técnica de óleo elaborada en forma de pequeños cuadros, en el
retrato de uno de sus ídolos, María Félix, en su juventud. El
tema patriótico cubano tampoco falta en la obra de Juan Lopetegui.
Después de haber concebido un espléndido retrato de Martí,
ahora nos presenta el del Padre Felix Varela.
EL "RETRATO DE LOLA" ES UN OLEO IMPRESIONANTE DE
LOPETEGUI
Pero
lo que a mí personalmente me emociona más del arte de Juan
Lopetegui es su tratamiento de la figura humana, en general, y
particularmente del retrato. Entre las obras de este estilo que
aparecen en la muestra, hay dos verdaderamente descollante, con
las que quiero terminar.
La
primera es un cuadro al óleo que nos muestra el rostro enigmático
de una mujer hindú, con sus preciosos rasgos propios,
una personalidad atrayente y misteriosa, y una mirada
penetrante, en cuyo dibujo, el artista le puso el más fino esmero.
La otra
es un cuadro monumental que, bajo el apelativo de "Madame Butterfly", agrupa todo lo que puede esperarse del pincel de un maestro
como es él. En 24 x 36, la mujer oriental, vestida en su traje típico
--trabajado admirablemente con colorido y detallismo--, proyecta
desde su hermoso rostro todas las cualidades que podemos esperar
en una obra maestra: armonía en la
composición y refinamiento, y delicadez en los modales,
adornados por una impresionante
belleza de conjunto, que subraya su manejo espléndido de la
composición.

DESNUDO
DE JUAN LOPETEGUI QUE DEMUESTRA SU DELICADEZA EN EL TRATAMIENTO
DEL TEMA
Recodando
al pintor cubano José
María Mijares
Por
Luis Felipe Marsáns
Con
la muerte del pintor José María Mijares, quedó cerrado un capítulo
importante de la plástica cubana. Único sobreviviente de lo que un
día fuera el "Grupo de los diez concretos" --movimiento
artístico que se
destacó en la Cuba republicana durante la década de 1940--,
Mijares luego se convirtió en el pintor de vanguardia, que
transformó la pintura nacionalista de la Isla, creando caprichosos
diseños coloristas, que se enriquecían con el azul, que primó en
su obra.
No
importa si figurativa o abstracta, la pintura de Mijares rompió cánones
y fronteras para ser también representativa de una obra por
excelencia dentro del arte moderno
latinoamericano del siglo XX, que llegó a ser admirada en museos y
exposiciones por todo el mundo, y fue recogido por importantes
libros y publicaciones de arte, con un sentido universal,
ganando la atención de los más exigentes coleccionistas,
que se sentían incompletos si no poseían alguno de sus cuadros.
Sin
embargo, fuera del ámbito de la plástica cubana, Mijares tuvo un
sitial también igualmente importante desde el punto de vista humano:
era el hombre sencillo del pueblo y el fiel amigo de sus amigos; de
vida privada, confinado por voluntad propia entre las paredes de su
hogar y su estudio, donde solamente pensaba en su producción artística,
y la ejecutaba con la facilidad del maestro que era.
JOSE M. MIJARES (Busto de Tony López)
Sus
arlequines, que ocuparon un lugar primordial dentro de su vasta
producción, atrajeron durante décadas a los amantes de su pintura;
y sus temas libres, en los que siempre había un mensaje novedoso y
atrayente, emergían por encargo entre quienes querían tener
"un Mijares", sin importarles su precio. Por eso, las más
serias y principales publicaciones sobre la pintura, no vacilaron en
dedicarle a Mijares en vida todo el espacio que su obra mereció,
haciéndolo doblemente feliz con
el reconocimiento, que es el más grande tesoro que puede guardar en
su corazón cualquier artista.
A
petición de su viuda, María Antonia Cabrera de Mijares, tuve el
honor de despedir el duelo de José María Mijares, a quien conocí
y traté durante algunos años, compartiendo con él un sincero
afecto y admiración, e, incluso, la responsabilidad de integrar un
jurado calificador del concurso de pintura de la Sociedad
Ecuatoriana de Miami, en el que también estaba nuestro entrañable
amigo común y gran escultor, Tony López.
Y
cumpliendo esa misión, expresé ante los que asistieron al piadoso
acto de darle sepultura a Mijares, toda esta admiración por su
pintura a la que me referí antes, y dejé sentado, por si alguno no
lo había entendido en su cabal magnitud, la importancia del
momento histórico que vivíamos, entregándole a la tierra
el cuerpo de una de las figuras más trascendentales del arte plástico
cubano y latinoamericano del Siglo XX; y su alma al cielo, que en
ese momento, se antojaba más azul que nunca, igualando quizás el
color que predominó en sus cuadros.
El
reto de la crítica a los artistas plásticos visto desde el punto
de vista competitivo
Por
Luis Felipe Marsáns
Siempre
he creído en el valor de las competencias artísticas --particularmente
en música--como medio de identificar a los mejores intérpretes
mediante la capacidad de cada quien para expresar sus
facultades propias, y exponer su sensibilidad, creatividad y
fuerza expresiva para transmitir un mensaje,
pictórico o escultórico,
figurativo o abstracto. Sin embargo, la competencia puede ser
un arma de doble filo tanto para los artistas como para el jurado
por igual.
O
sea que ¿cómo habríamos de poder medir con justeza en un mismo
concurso a un número de ejecutantes si ellos se presentan tocando,
pintando o esculpiendo piezas de diferentes géneros, escuelas o épocas;
o, incluso --en el campo de la música--, saliéndose de lo
que es puramente lo instrumental para adentrarse en el campo de la
ópera, entonando arias escritas para tal o cual tesitura?
A
lo largo de mis años de asociación profesional con el arte, he
tenido la oportunidad de ser jurado, en muchas ocasiones, en
competencias de canto,
piano, composición,
obras con orquesta,
pintura, y --no se sorprenda--, belleza femenina, en lo que se ha
dado a llamar, a través de la historia, "Miss" o Señorita
tal o cual; y sobre esa experiencia, no pocas veces
he quedado insatisfecho con la vaga percepción
del público sobre este
trabajo, al darse a conocer el resultado final.
Pero
cuando llegamos al terreno de la pintura propiamente, la cosa se
pone todavía más complicadal. Un día del mes de
julio de 1999 (todavía en el Siglo XX), tuve una experiencia
de este tipo --junto al
legendario escultor cubano Tony López, y al pintor Gilberto
Marino--, como miembro
del Jurado Calificador del "II
Salón de Julio" de la Fundación de Arte y Cultura
Ecuatoriana de Miami, presidida entonces por el señor Patricio Ordoñes,
que tuvo efecto en el edificio de
"Ecuatoriana de
Aviación" (Calle de Flagler y la Avenida 40, de Miami), en
su condición de auspiciadora de este acontecimiento,
junto al Pacific
National Bank.
De
nuevo aquí se planteó la disyuntiva de cuál, o cuales cuadros debían
ser los premiados entre una numerosa
muestra que, en general, apelaba al buen gusto y demostraba la
creatividad de los participantes, pero que no siempre lograba el
consenso general de los miembros del jurado, debido a su carácter
heterogéneo.
El
artista contemporáneo siente el deseo de hacer algo nuevo, pero esa
inquietud, no siempre lo conduce a crear una obra convincente; y en
este II Salón, hasta
se dio el caso de que uno de los expositores --Leonardo Hidalgo--,
exhibía, fuera de la competencia, el rostro de una bella mujer, en
tamaño monumental, que a mi manera de ver, hubiera estado más
competitiva que la obra incluida por él en el concurso, y que,
independientemente de lo que pudieran pensar mis colegas, para mi,
hubiera merecido un premio.
Integrado
el Jurado por el
presidente Ordoñes; la
secretaria Elena
Nicola; y su fundadora
y Vicepresidenta, Elba Bozano, los premios fueron adjudicados a tres
artistas: "La
Obra C", de Antonio de la Torre, que representaba la
imagen de un campesino curtido por el trabajo, que expresa su fe
sosteniendo sobre su pecho un crucifijo; "Internal",
de Patricio Bermeo, de explosivo
carácter colorista en su abstracción; y "Mujer
Preñada", representado por un desnudo muy original,
que mostraba en su
vientre --integrando elementos abstractos dentro lo figurativo--,
una especie de boca y nariz de lobo, vagamente perceptible, pero
impresionante, en el tema y en el tratamiento general de la figura
humana.
Por
otra parte, cómo que los miembros del jurados éramos tres --un
pintor, un escultor y quien escribe, en mi condición de crítico de
arte--, ellos estimaron que debería ser yo quien hablara a nombre
de todos, porque, como
que soy fundamentalmente “un periodista que
manejas mejor las palabras"; me ponían en la no
fácil misión de improvisar ante un nutrido público, una
explicación sobre el procedimiento utilizado en la selección, que
yo quiero compartirlo
hoy con ustedes, mis lectores.
En
primer término, decía yo que todos los participantes podían
sentirse ganadores, porque la calidad general de la muestra era
buena, y porque en ella había creatividad y el deseo de imprimirle
a
II Salón de Julio una
temática diferente o un modo personal de ver las cosas, y
de plantear nuevos derroteros en el arte.
Expliqué
también que, el carácter heterogéneo de la exposición había
hecho difícil la selección por parte del jurado, debido a
diferentes cuestiones, siendo
lo más importante la diversidad temática y la variedad
técnica de cada uno de los cuadros: "Si nos sentáramos
a escuchar una obra musical de la época barroca o el clasicismo,
interpretada por diferentes artistas,
sería mucho más fácil el llegar a un consenso crítico
sobre algo que se escribió hace 200
ó 300 años, y que hemos escuchado, por lo menos igual número
de veces, tocadas por diferentes intérpretes", precisé.
Igual
pasaría con la pintura de los grandes maestros del ayer, que hemos
apreciado a través de una vida entera en los museos,
y estudiado en
las escuelas. Pero cuando llegamos a la obra moderna, en la que cada
artista quiere dejar su huella individual, y satisfacer al
observador, entonces la cosa no es nada fácil. Porque así como el
escultor buscar la perfección en todas las dimensiones de las
formas, y el pintor se deja llevar por la composición y el colorido,
el crítico va más allá en su calificación,
mediante la búsqueda de
un mensaje, que en mi
expectativa propia debe
ser lógico y
compensado dentro de una imagen, abstracta o figurativa, en la que
predomine la belleza o la emoción, como objetivos máximos.
Creo,
sinceramente, que para medir la obra de un artista, es preciso que
se le conceda al concurso una cierta uniformidad temática, técnica
y hasta dimensional, para hacer más comprensible y justo el trabajo
de cualquier jurado del mundo; porque, de lo contrario,
seguirá persistiendo la peligrosidad de que un cuadro
premiado no responda en realidad a la trayectoria y calidad del
creador (o viceversa), que ha puesto su obra, sin saberlo,
en contraposición a factores como son la belleza del desnudo
y el recogimiento espiritual de lo religioso, que siempre encontrarán,
de entrada, la simpatía de quienes tienen que decidir sobre ellos.
De
cualquier manera, e independientemente de lo anteriormente expresado,
el "II
Salón de Julio" de la Sociedad Cultural Ecuatoriana",
fue una contribución muy importante a las artes plásticas
del Miami de entonces, por parte de una colonia que,
todavía pequeña
en comparación a otras,
se preocupaba ya por impulsar
el desarrollo artístico,
mediante el estímulo que constituye
una competencia así.
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