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Cualquier tiempo
Pasado fue mejor en el Marine Stadium
Por Luis Felipe Marsáns
Hay un viejo proverbio muy usado, en el sentido de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”; pero aunque no siempre ha sido así, tiene mucho de cierto en algunos casos. En el panorama musical de Miami, por ejemplo, su aplicación no debe tener razón, si se tiene en cuenta que el progreso ha ido manifestándose paulatina pero ascendentemente.
O sea si tomamos en cuentas que el único teatro para las artes escénicas y musicales que existía aquí antes de 1960, era el auditorio de la Escuela Superior Miami High --antes de que se edificara el “Dade County Auditórium”--, la frase es totalmente inadecuada, sobre todo porque ahora tenemos el “Performing Arts Center”, en el Downtown.

El "Marine Stadium", de Rickenbacker Causeway --rumbo a Key Biscayne-- no sólo era un lugar único para escuchar música de todos los géneros al aire libre, lo mismo de las graderías como de las embarcaciones y botes de placer, sino el sitio más pintoresco para conciertos familiares, en el centro de Miami, según muestra esta fotografía, tomada de un diario de los años de 1960.
Tampoco aplica el proverbio si recordamos que por esos años, solamente había aquí una sola orquesta sinfónica --ni siquiera profesional, sino de la Universidad de Miami--, y que los artistas de renombre que venían a presentarse en nuestra comarca, lo hacían contratados por entidades privadas, de cuando en cuando.
Sin embargo, “cualquier tiempo pasado fue mejor en música” aplica cuando tomamos en cuenta que la “Ciudad de Miami” operaba el “Marine Stadium”, del Rickenbacker Causeway, donde personas de todas las procedencias iban cada “Cuatro de Julio” a celebrar la Independencia de Estados Unidos, con un repertorio de música nacional del país y de otros muchos, como era la Obertura 1812, de Tchaikovsky, que hoy se interpreta en la misma fecha y ocasión en los jardines del Capitolio, usando cañones, campanas y voladores.
Asimismo, las diferentes orquestas que hubo, valga decir, la “Greater Miami Philharmonic”, dirigida por Alain Lombard; la “Filarmónica de Miami”, que le siguió en turno, y las dos llamadas, en distintas épocas, “Florida Philharmonic” (todas desaparecidas ya), ofrecían sus programas del Día de la Independencia, a veces con la dirección de artistas de gran categoría, que eran invitados, como Mitch Miller, Arthur Fiedler y Peter Nero -–por citar algunos-- haciendo de la programación una verdadera unión de nacionalidades.
Quiero decir, compartiendo la patriótica fecha del país en que todos vivimos, por una razón u otra, en una gran fiesta para todos, con el disfrute de cantantes y solistas invitados. Hoy, cuando probablemente ese fenómeno de unidad va tomando cada vez más falta, el uso musical del “Marine Stadium” ha desaparecido, y ni siquiera para las festividades de la Virgen de la Caridad, “Patrona de Cuba”, se utiliza el coliseo marino, tan acogedor y original, que servía incluso para que los aficionados, presenciaran las competencias marinas o regatas.
Y los conciertos de verano, de distintos géneros, que subían a su escenario flotante, con artistas del patio y de afuera, tampoco tienen hoy en el “Marine Stadiun” existencia, privando incluso a sus usuarios de entonces, de espectáculos únicos, atrayentes y llenos de un sabor completamente distinto a todos lo demás.
Más aún, a un costo ínfimo si se compara con lo que hoy cuesta ir a la “Arena” de Biscayne Boulevard y a su vecino Performing Arts para escuchar conciertos de cualquier tipo.
Claro que para quienes esos cambios no han afectado sus bolsillos, tal vez estos comentarios míos no importen, pero para aquellos que se ven privados de hacerlo, seguro que cobraría otra vez importancia aquello de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, especial e irónicamente, si tomamos en cuenta que en ninguno de los casos pudimos salvar la existencia de una orquesta sinfónica propia de alto rango, como en cualquier ciudad importante del país.
En esta vista del lado opuesto del escenario flotante, se puede apreciar cómo el público asistente disfrutaba de los conciertos, lo mismo desde los botes que sentado en la gradería.
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